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Sección:
Salud Mental, Implicaciones Legales y Forenses

Proyecto de Ley reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas: diagnóstico de la“disforia de género” PARTE II
Mª del Carmen Antón Boix, Abogado del Ilustre Colegio de Madrid


La “Clasificación internacional de enfermedades”(ICD-10) y “El manual diagnóstico y estadístico de enfermedades mentales”(DSM-IV), son las dos nomenclaturas oficiales, que establecen los criterios para diagnosticar poblaciones con GID (“gender identity disorder”):
En el primero el diagnóstico del transexualismo sigue tres criterios:

  • Deseo de vivir y ser aceptado como un individuo del sexo opuesto, generalmente acompañado del deseo de hacer su cuerpo lo más congruente posible con el sexo preferido a través de tratamiento hormonal y quirúrgico.
  • La identidad transexual se ha manifestado persistentemente al menos durante dos años.
  • No es un síntoma de otro desorden mental o anormalidad cromosómica.

Por su parte, El DSM IV establece como criterios de diagnóstico los siguientes:

    • Identificación acusada y persistente con el otro sexo (no sólo el deseo de obtener las supuestas ventajas relacionadas con las costumbres culturales)

En los niños el trastorno se manifiesta por cuatro o más de los siguientes rasgos:

      • deseos repetidos de ser, o insistencia en que uno es, del otro sexo.
      • En los niños, preferencia por el travestismo o por simular vestimenta femenina; en las niñas, insistencia en llevar puesta solamente ropa masculina.
      • Preferencias marcadas y persistentes por el papel del otro sexo o fantasías referentes a pertenecer al otro sexo.
      • Deseo intenso de participar en los juegos y en los pasatiempos propios del otro sexo.
      • Preferencia marcada por compañeros del otro sexo.

En los adolescentes y adultos la alteración se manifiesta por síntomas tales como un deseo firme de pertenecer al otro sexo, ser considerado como del otro sexo, un deseo de vivir o ser tratado como del otro sexo o la convicción de experimentar las reacciones y las sensaciones típicas del otro sexo

    • Malestar persistente con el propio sexo o sentimiento de inadecuación con su rol.

En los niños la alteración se manifiesta por cualquiera de los siguientes rasgos: en los niños, sentimientos de que el pene o los testículos son horribles o van a desaparecer, de que sería mejor no tener pene o aversión hacia los juegos violentos y rechazo a los juguetes, juegos y actividades propios de los niños; e las niñas, rechazo a orinar en posición sentada, sentimientos de tener o de presentar en el futuro pene, de no querer poseer pechos ni tener la regla o aversión acentuada hacia la ropa femenina.

    • La alteración no coexiste con una enfermedad intersexual.
    • La alteración provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Existe una organización internacional de consejo sobre el manejo psiquiátrico, psicológico, médico y quirúrgico para el tratamiento global de los GID, que informa a pacientes, familiares y profesionales de los medios científicos disponibles para resolver estos problemas: “The standard of care for gender identity disorder”(SOC).

El cambio de sexo pasa por varias etapas: 1º) Un estudio psicológico, a través del cual se establece con claridad que la persona es transexual, y no otra cosa (trastornos de personalidad, estados intersexuales, etc.); 2º)Período dehormonación (en el hombre que cambia a mujer aparecen las mamas y se producen otros cambios menores; en la mujer que cambia a hombre aparece la barba, el vello y cambia la voz); y 3º) La intervención quirúrgica, que puede ser más o menos completa (amputación de las mamas y creación de un pene a partir de la vagina, y vaginoplastia o reconstrucción de una vagina a partir de la extracción del pene).

De lo expuesto deducimos que el cambio de género es un proceso largo y complejo y para evitar riesgos físicos y psicológicos debe ser controlado por profesionales. La presencia e intervención del psicólogo es esencial en este proceso, no sólo por la relevancia que esta normativa otorga al diagnóstico de la “disforia de género”, que supone el punto de partida de todo el proceso, sino también porque en caso de llegar a la cirugía de reasignación sexual, el individuo tendrá que estar en condiciones psicológicas estables para afrontar la intervención y su postoperatorio.