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Diferencias
entre acoso moral en el trabajo (Mobbing), y el conflicto
laboral.
Dña. Victoria Trabazo Arias,
Editora y Coordinadora Sección
En
los últimos años el término “acoso
moral” o Mobbing se ha hecho bastante popular entre
la sociedad, está más reconocido y se tiene
más en cuenta por parte de los diferentes profesionales.
Esta situación ha tenido consecuencias positivas ya
que ha permitido a la gente reconocer el origen de muchos
problemas y buscar un abordaje apropiado. Pero lamentablemente,
es un término que en ocasiones se está utilizando
para describir situaciones que no son realmente un acoso laboral
llegando incluso a plantear denuncias que se pierden en los
tribunales no por falta de pruebas como lamentablemente ocurre
en muchas ocasiones, sino porque se intenta demostrar algo
que desde un principio es erróneo.
Es
por esto por lo que es importante saber determinar qué
situaciones corresponden a un acoso laboral y cuáles
pueden no serlo.
La
principal confusión se produce entre los términos
de acoso laboral y conflicto laboral. No todas las situaciones
de conflicto en el trabajo tienen que ser una conducta de
acoso, es más, el conflicto en muchas ocasiones puede
resultar positivo en una empresa. En el conflicto, al contrario
que ocurre en el acoso, se da una escala simétrica
de coacción o agresión. En el acoso, esta coacción
se caracteriza entre otras cosas por ser asimétrica.
Por otro lado, el conflicto laboral puede ser una fuente de
renovación ya que provoca un cuestionamiento de la
situación y posibles alternativas de solución,
por esto puede resultar productivo. En el acoso los cambios
están bloqueados. Quizás, lo más significativo
a la hora de marcar la diferencia entre el acoso laboral y
el conflicto laboral sea la intencionalidad que hay detrás
de uno u otro. Detrás del acoso hay una clara intención
de librarse de la persona acosada. A pesar de estas diferencias
hay un punto de unión, ya que en numerosas ocasiones
el acoso es consecuencia de un conflicto no resuelto.
Además
del conflicto laboral hay otras situaciones que también
pueden confundirse con un acoso laboral. Una de ellas, por
la sintomatología que presenta es la presencia de un
cuadro de estrés laboral, es decir, numeroso síntomas
de estrés derivados de las especiales circunstancias
de un puesto de trabajo (alta responsabilidad, gran exigencia,
etc.). En este caso a pesar de poder presentar una persona
una sintomatología muy similar a la de una víctima
de acoso, la gran diferencia igual que en el caso anterior
es la ausencia de una intención deliberada de librarse
del trabajador.
Otra
de las circunstancias que puede confundirse con una situación
de acoso es la existencia de una agresión esporádica.
Ésta puede ser resultado de una actuación impulsiva
y puede provocar un fuerte malestar en la víctima pero
se diferencia del acoso en que éste es sistemático,
repetitivo y con clara premeditación.
Las
condiciones de trabajo si son negativas (muchas horas, despacho
pequeño, poca luz, etc.) pueden confundirse también
con situaciones de acoso pero como anteriormente se ha comentado,
si detrás de éstas no hay una clara intención
de librarse de una persona no pueden considerarse acosos y
por lo tanto el trabajador tendría que buscar otro
medio para solucionarlas.
Quizás
la situación más frecuentes de malentendidos
es cuando por un lado existe un jefe o superior que utiliza
la coacción como medio para aumentar la productividad
del trabajador, llegando incluso a ser “torpe”
a la hora de dirigir a las personas que tiene a su cargo (siendo
agresivo, arrogante etc.), muchas veces por falta de habilidades
sociales; y por otro un trabajador muy exigente consigo mismo
y con un sistema de creencias basado en la justicia. Seguramente
en este caso el trabajador vivirá de una forma muy
“injusta”, y por lo tanto muy agresiva, las indicaciones
que pueda hacerle su superior llegando a considerar esta actitud
como un acoso laboral. En este caso, si no existe una clara
intención de librarse de esta persona, estaríamos
ante un conflicto que de no resolverse, podría derivar
finalmente en un acoso.
Hay
otros factores que también pueden influir en la errónea
valoración de una situación como acoso, como
pueden ser diferentes rasgos de personalidad en los jefes
(personalidad obsesiva, etc.) que pueden hacer “insoportable”
el trabajo a sus empleados, o algunas características
de personalidad de la “supuesta víctima”
que haga que viva toda amenaza con una clara intención
(paranoides, etc.).
En
numerosos casos estas situaciones son denunciadas y llevadas
ante un juez. Es aquí donde la labor del perito psicólogo
o psiquiatra es de vital importancia para poder diferenciar
si realmente la situación existente es el resultado
de un acoso laboral o de un conflicto laboral.
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