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Sección:
Salud Mental, Implicaciones Legales y Forenses

DIFICULTADES CON EL RÉGIMEN DE VISITAS
Dña. Victoria Trabazo Arias, Editora y Coordinadora Sección

En el artículo del pasado número dábamos unas pautas a seguir para poder establecer el régimen de visitas más adecuado según la edad de los menores valorando la frecuencia y duración de las visitas, la existencia o no de pernoctas y cómo distribuir las vacaciones. Al final del artículo nos planteábamos unas preguntas que pueden surgir y dificultar la toma de decisiones a la hora de establecer el régimen de visitas. Veamos si podemos aclarar algunas de las dudas más frecuentes:

La primera dificultad que nos podemos encontrar es que haya varios menores en la familia y que tengan edades diferentes. En este caso, y teniendo en cuenta las diferencias de las que hablábamos en el artículo anterior según edades, es importante intentar crear un único régimen de visitas siempre que sea posible para así simplificar los horarios de recogidas y entrega de los menores. Esta unificación se puede hacer generalmente sin problemas cuando las edades de los menores no son muy diferentes. Sin embargo, cuando la diferencia entre las edades es muy significativa hay que intentar ser más flexible y optar por más de un régimen de visitas. En estas circunstancias es muy importante además tener en cuenta el grado de unión de los menores: si están muy unidos no es conveniente forzar una separación entre ellos. Uno de los errores que se suelen cometer es responsabilizar al mayor de los hermanos del cuidado de los menores, esta situación además de poder derivar en sentimientos de rabia y enfrentamiento entre los hermanos, puede confundir al mayor sobre el papel que debe asumir en la familia. Si por determinadas circunstancias no se pueden establecer más de un régimen de visitas y la diferencia entre las edades es muy significativa se deberá evaluar las necesidades especiales de cada menor y adaptarse más al que más lo necesite.

Otra dificultad que puede aparecer a la hora de establecer un régimen de visitas es la existencia en uno de los progenitores, en este caso sería el no custodio, de un trastorno mental. Ante esta situación surgen dudas del tipo: ¿corre mi hijo peligro?, ¿me puedo fiar de que estará bien?. En estos casos el primer paso es realizar una correcta evaluación del estado del progenitor valorando sobre todo cómo puede afectar su trastorno a su capacidad parental, es decir, a su capacidad para cuidar de una forma adecuada y responsable del menor. Una vez realizada esta valoración se establecería un régimen de visitas más restrictivo en función de qué responsabilidades es capaz de desempeñar el progenitor. Si existiese la posibilidad de un apoyo familiar (abuelos, nueva pareja, etc) se podría valorar que el régimen de visitas fuese más amplio. De todas formas es importante en estos casos que haya un seguimiento por parte del Juzgado así como una presentación periódica de informes del estado del progenitor que padece el trastorno para revisar si fuese necesario el régimen de visitas o en su caso suspenderlo.

Quizás de todas las dificultades que pueden presentarse a la hora de establecer un régimen de visitas y mantener el buen funcionamiento del mismo, una de las más frecuentes es la existencia de una relación muy conflictiva entre ambos progenitores. Si esta situación se da, es recomendable evitar los momentos de mayor tensión como pueden ser el encuentro de los padres del menor en el momento de recogida o entrega de éste. Una solución podría ser la de buscar un intermediario que realice los intercambios o que éstos se hagan en el colegio o Puntos de Encuentro. De igual forma es conveniente la búsqueda de un asesoramiento profesional que oriente a los padres así como un seguimiento de los menores ante el riesgo de la aparición de síntomas derivados de esta conflictividad parental.

Por último, es importante valorar qué hacer cuando un menor no se adapta al régimen de visitas o se niega a cumplirlo. En estas ocasiones surge la duda: ¿le obligo o dejo que se quede en casa?. En primer lugar es necesario realizar una evaluación de la situación para poder determinar las causas de la dificultad de adaptación o negativa del menor. En algunos casos el origen son problemas de conducta (por ejemplo: negativismo) o emocionales del menor que requieren de un abordaje terapéutico en el que se impliquen de forma activa ambos progenitores e incluso con un seguimiento por parte del Juzgado si fuese necesario. Otras de las causas puede ser la dificultad de menor a la hora de separarse del progenitor custodio, siendo entonces necesario que el régimen de visitas de establezca de forma progresiva. Cuando la dificultad deriva de la poca capacidad del menor a adaptarse a situaciones nuevas lo más conveniente es disminuir la frecuencia de las visitar y aumentar la duración de éstas para compensar.

Esperamos que estas indicaciones den un poco de luz a la difícil tarea de llegar a un acuerdo lo menos traumático posible para los menores que se ven implicados en una separación.

 

 

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