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Ante
la separación: ¿cuál es el mejor RÉGIMEN
DE VISITAS para mi hijo? Dña.
Victoria Trabazo Arias, Editora y Coordinadora
Sección
A la hora de establecer
un régimen de visitas adecuado tras una separación
es muy importante tener en cuenta la edad de los menores que
estén implicados en el mismo. Cada etapa evolutiva
tiene unas necesidades específicas por lo que afectará
a la hora de establecer la frecuencia y duración de
las visitas así como la existencia o no de pernoctas
y cómo distribuir las vacaciones.
La frecuencia es uno
de los factores más importantes, sobre todo en menores
de corta edad, de forma que cuanto menor sea el niño
mayor debe ser la frecuencia. Los niños pequeños,
de 0 a 5 años, tienen una memoria a largo plazo muy
limitada por lo que su forma de entender el tiempo también
lo está, de forma que una mayor frecuencia es la mejor
forma de garantizar el apego al progenitor que no ostente
la custodia. De igual forma, en niños pequeños
es bueno que la frecuencia sea más bien rígida
para que se vaya estableciendo un hábito en el niño
y así aportarle mayor estabilidad.
Cuando los niños
se van haciendo más mayores la frecuencia puede ser
más flexible. En estas edades los diferentes contextos
de socialización (colegio, amigos, etc.) adquieren
gran importancia y el menor va ganando autonomía.
La frecuencia de las
visitas en la adolescencia dependerá también
de la interferencia que pueda tener con los estudios del menor
o con sus actividades lúdicas. Esta es una etapa evolutiva
caracterizada por la “negociación” entre
padres e hijos por lo que se recomienda intentar llegar a
acuerdos con ellos también en este aspecto teniendo
siempre cuidado en no caer en la manipulación de los
menores.
A la hora de establecer
la duración de las visitas también es conveniente
tener en cuenta la edad de los menores, así con niños
muy pequeños es preferible que la duración sea
corta siempre que se respete una frecuencia amplia, de esta
forma se interferirá lo menos posible en sus horarios
(comida, baños, siesta, etc.).
A partir de la edad
preescolar y hasta el inicio de la adolescencia, es importante
que la duración de las visitas sea mayor. De esta forma
el progenitor no custodio podrá implicarse en todos
los aspectos de la vida del menor (educación, puesta
de límites, ocio, etc.) y compartir así más
actividades con éste.
En la adolescencia, y de igual forma que nos referíamos
a la hora de comentar la frecuencia, es necesario tener en
cuenta las necesidades propias de esta edad. El adolescente
es más autónomo y su vida pasa de estar centrada
en su familia a centrarse en sus amigos. Es por esto que hay
que intentar llegar a acuerdos en donde se respeten las “actividades
sociales” del menor. Si se intenta imponer por parte
de los padres o por parte del juez un régimen de visitas
rígido puede generar en el menor un rechazo frontal
a éste.
A la hora de establecer
las pernoctas de niños pequeños es importante
tener en cuenta si éstas se van a dar desde el primer
momento de la separación, o si ha transcurrido un tiempo
largo sin pernoctas desde la separación hasta el establecimiento
del régimen de visitas.
En niños muy
pequeños, si ambos progenitores estaban presente a
diario en el cuidado del menor (cena, baño, acostarlo,
despertarlo, etc.), se puede establecer pernoctas desde el
principio teniendo especial cuidado en mantener los mismos
horarios y rutinas (luz encendida, pañal, etc.) e incluso
incluir objetos familiares (peluche, mantita, etc.).
En niños en
edad preescolar y si no ha habido pernoctas anteriormente
o el progenitor no custodio no estaba presente de forma habitual
en el momento de acostar al menor y despertarlo antes de la
separación, es conveniente que éstas se establezcan
de forma gradual. En estos casos es preferible que se vayan
iniciando en fines de semana y no en vacaciones para así
proporcionar al niño una adaptación gradual.
Las pernoctas en la
etapa adolescente no suelen aceptarse bien porque suelen afectar
a las actividades lúdicas de los menores. Otro aspecto
suele ser que los adolescentes quieren tener su cuarto con
sus cosas.
Las vacaciones suponen
un período largo de separación del menor con
uno u otro progenitor por o que no se recomiendan hasta los
3 años. En la medida de lo posible es preferible que
se siga con el mismo régimen de visitas establecido
normalmente para así garantizar el contacto continuado
con ambos progenitores.
En la edad preescolar,
hasta los 5 o 6 años, se recomienda que se distribuyan
en períodos de 15 días alternos. Si esto no
fuera posible, otra opción es introducir alguna visita
del otro progenitor a lo largo del período vacacional.
Durante la adolescencia, y al igual que suele ocurrir en familias
en las que no ha habido una separación matrimonial,
los menores no suelen aceptar vacaciones largas apartados
de sus amigos o actividades lúdicas. En estos casos
lo ideal es negociar los planes posibles para las vacaciones.
Estas son unas indicaciones
generales sobre el régimen de visitas, pero por supuesto
ante esto suelen plantearse preguntas como: ¿qué
hacemos cuando hay hermanos de diferentes edades?, ¿y
si mi hijo no quiere ir con su padre/madre cuando le toca?,
¿debo dejar a mi hijo con mi ex si éste/a tiene
problemas mentales?, etc. A estos puntos contestaremos en
el próximo número.
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