El inicio de la enfermedad de alzheimer
suele pasar desapercibido para todo el mundo incluido el
mismo paciente. El motivo de esto no es otro que los cambios
son muy sutiles y el deterioro no afecta a las actividades
de la vida diaria del paciente. Es decir, lo recursos mentales
que se están viendo afectados por el curso de la
enfermedad no se ven reflejados a “nivel practico”
en la vida del paciente. Esto es a lo que los profesionales
llamamos manifestaciones clínicas. En este punto
de la enfermedad, seamos sinceros, el diagnostico hoy por
hoy es imposible, y probablemente lo seguirá siendo
durante muchos años, con permiso, desde luego, de
los genetistas.
De forma progresiva las diferentes
funciones que se están viendo afectadas por este
proceso empezaran a manifestarse en el quehacer diario de
los enfermos. Las primeras manifestaciones se suelen dar
en forma de pequeños olvidos (también llamados
olvidos benignos). Estas manifestaciones suelen ser del
tipo “no se donde me he dejado las llaves”,
“que era lo que tenia que comprar”,.... Evidentemente
no hay ni que decir que esto en un momento otro de la vida
esto nos pasa a todos y eso no quiere decir que vallamos
a tener Alzheimer. De hecho lo habitual de estas manifestaciones
iniciales es lo que dificulta el diagnostico temprano, ya
que son numerosas las circunstancias en las que se manifiestan
este tipo de olvidos y que no siempre están relacionados
con la edad sino también pueden (y suelen) estarlo
con situaciones estresantes. Lo que diferenciará
definitivamente a los enfermos de Alzheimer de los individuos
no enfermos será la evolución de estos síntomas.
En el individuo sano esta sintomatología evolucionará
dependiendo de cual haya sido su origen. Si el origen era
una situación relacionada con el estrés, la
sintomatología desaparecerá cundo esta situación
haya desaparecido mientras que si el origen es la edad avanzada,
la sintomatología permanecerá mas o menos
estable durante un periodo prolongado de tiempo, y sobre
todo no se extenderá a otras funciones cognitivas.
Por otro lado tendremos al sujeto que va a evolucionar hacia
la enfermedad. Este va a mostrar un progresivo deterioro
que además va a extenderse a otras funciones cognitivas.
Evolución de la enfermedad.
La evolución que el paciente
enfermo de Alzheimer va a sufrir, aunque existe lo que podríamos
llamar un estereotipo, va a variar de unos individuos a
otros. Las variaciones entre diferentes individuos se van
a centrar en la rapidez de la aparición de los diferentes
síntomas y en las manifestaciones clínicas
que estos van a tener en la vida diaria de los pacientes.
En este punto habría que introducir un concepto que
es el de las demandas del ambiente. Por eso entenderemos
lo que las circunstancias y el entorno nos pide, y en función
de eso notaremos más o menos los síntomas.
Por ejemplo, si un pastor sufre un deterioro en las funciones
responsables de la lectura, no afectara en absoluto a su
trabajo, mientras que si le ocurre lo mismo a un bibliotecario
las consecuencias serán nefastas. Ante un mismo daño
consecuencias en las actividades de la vida diaria diferentes.
En el caso del enfermo de Alzheimer
las funciones cognitivas se van a ir deteriorando de forma
progresiva comenzando con la llamada memoria episódica,
tema que nos ocupara el mes que viene.