Creo que esta es una de las frases
que más he oído en mi ejercicio profesional.
La verdad es que en un momento u otro de nuestra vida hemos
tenido la sensación de que de alguna manera nuestra
memoria nos estaba jugando una mala pasada. ¿Quién
no ha llegado a una habitación y no sabia a que había
ido a ella?, ¿a quien no le han asegurado que le
han dicho algo y no tiene la mas mínima idea?.
Veamos cuales son las causas que provocan esto, que consecuencia
tiene y como podemos ponerle remedio.
Causas.
Las causas que están detrás de estos fallos
de memoria pueden ser de lo más variadas, y la mayoría
no indica ningún tipo de patología. La principal
causa por la que no nos acordamos de las cosas es simplemente
por que no hayamos prestado la suficiente atención.
La memoria es un sistema complejo en el que podemos diferenciar
tres fases. Un primera en la que se codifica la información
que hemos percibido por los sentidos, una segunda fase en
la que la información que ha sido codificada se almacena
en los sistemas de almacenamiento de la información
y por ultimo una tercera fase en la que recuperamos la información
que previamente hemos guardado. Estos tres sistemas interaccionan
entre si continuamente, y no se podría entender uno
sin los otros. Pues bien, habitualmente cuando no nos acordamos
de algo que teníamos que hacer suele ser por que
no hemos procesado la información de manera adecuada.
Pues bien, como ya he dicho detrás de este mal funcionamiento
suele estar una falta de atención. Hablando de la
memoria hay una máxima que es que NO SE PUEDE RECORDAR
AQUELLO QUE NO SE HA ATENDIDO, por lo que en la mayoría
de los casos en los que no nos acordamos de algo no es por
un problema de nuestra memoria, sino por un problema de
atención.
Sin darnos cuenta, en muchas ocasiones estamos atendiendo
a cosas que impiden que atendamos a aquello que de verdad
nos interesa. Por ejemplo si en un momento determinado estamos
muy preocupados por algo (dicho coloquialmente “algo
nos ronda por la cabeza”) estamos, de manera indirecta,
“saturando” nuestra atención, ya que
esta tiene unos recursos limitados y por tanto no podemos
estar a tendiendo a diferentes cosas a la vez, de manera
que si en alguna ocasión necesitamos prestar mayor
atención a algo y no somos capaces de dejar de atender
a eso que nos preocupa no procesaremos bien lo nuevo.
Hagamos un ejemplo. Podría decir si En el tiempo
que lleva leyendo este artículo se ha producido algún
cambio en su entorno. Probablemente su respuesta sea “no
lo se”. Esto no refleja un problema de memoria sino
que su atención estaba puesta en estas líneas
(eso espero).
Muchas personas piensan, sobre todo a partir de los 60 años,
que todo esto que he descrito anteriormente es indicativo
del inicio de una demencia, y en la mayoría de las
ocasiones no hay nada más lejos de la realidad. Para
luchar contra esto podemos utilizar dos estrategias. La
primera tiene que ver con la atención, ya que en
la mayoría de los casos es de lo que se trata. Lo
que podemos hacer para acordarnos mejor es en el momento
de recibir la información, focalizar toda nuestra
atención en aquello que queremos recordar. Un buen
truco para ello es por ejemplo repetir en voz alta lo que
queremos recordar. Con ello nos forzamos a prestar atención
a esta información.
En el caso de que ya no nos acordemos un buen truco para
recordar es repasar lo que hemos hecho incluso volver a
la habitación de la que veníamos. A esto se
le llaman claves contextuales y no son ni más ni
menos que facilitadotes del recuerdo.
Por ultimo, y aunque parezca paradójico puede facilitar
nuestro recuerdo simplemente el no continuar intentando
recordar. Puede que entonces aparezca la información.