Retomando la serie acerca de la enfermedad
de Alzheimer, terminábamos el mes pasado indicando
el deterioro progresivo que en las funciones cognitivas
iba a tener el enfermo de Alzheimer. Es en este punto cuando
tanto el enfermo como su entorno empiezan a ser conscientes
de que algo no va bien. Y es también en este punto
donde se producen más errores diagnósticos.
Como ya he dicho en esta fase de la enfermedad el paciente
es consciente de que no es capaz de hacer las cosas como
ante, es consciente de sus olvidos e incluso en algunas
ocasiones sus dificultades han generado un problema que
puede haber afectado a sus seres queridos (mujer, hijos,
nietos…). Ante esta situación no es raro que
el paciente presente un cuadro depresivo, ya que se da cuenta
de todos estos problemas. Estas dos entidades (depresión
– demencia) van a coexistir no en pocas ocasiones
dificultando al clínico la elección del tratamiento
adecuado y que como todos podemos comprender no se trata
igual una depresión que una demencia. La “dirección
del error no es solo demencia – depresión,
sino que en no pocas ocasiones se diagnostican depresiones
como demencias. Como dato significativo, en los años
`70 en el Maudsley Hospital de Londres el 30% de los pacientes
estaban mal diagnosticados como EA y dentro de estos errores
la mayor parte de los pacientes tenían depresión.
La progresión de la enfermedad de Alzheimer aunque
no va a seguir un patrón determinado, si va a tener
unas características similares entre los diferentes
pacientes que es lo que va a permitir el realizar un diagnostico
diferencial. Estas características son:
• ESTADO PRECLÍNICO
• Alteración exclusiva de la memoria episódica.
Leve de las funciones Ejecutivas.
• ESTADO CLÍNICO TEMPRANO
• Atención: Sostenida, rapidez motora.
• MCP leves alteraciones.
• M. Episódica: Severamente alterada.
• Verbal: Denominación, fluencia, léxico-semántico
• Funciones Ejecutivas: Leve afectación
• Leves a moderadas dispraxias.
Un punto de especial interés
por las repercusiones que suele tener sobre las personas
que conviven con estos pacientes son las alteraciones de
la memoria episódica. Esta memoria nos “informa”
de las cosas que vamos haciendo diariamente y de las que
hemos hecho. En ocasiones cuando estos pacientes no saben
bien lo que han hecho en las primeras etapas de la enfermedad,
suelen aparecer confabulaciones. Las confabulaciones son
historias configuradas a partir de una serie de claves que
tiene el paciente y que como no tiene toda la información
necesaria “completa” esta historia en función
de ideas propias. Otra repercusión de esta falta
de memoria episódica es que en etapas mas avanzadas
el paciente no sabe si ha comido, si le han peinado, etc.
En ocasiones estas conductas son interpretadas por los cuidadores
como conductas rebeldes, o “para fastidiar”,
cuando en realidad son alteraciones e memoria.
Estas alteraciones neuropsicológicas
se van acentuando con el paso del tiempo, y cada vez el
enfermo necesita mas supervisión, hasta que llega
un punto en el que no se puede valer por si mismo.
Por ultimo en la fase de demencia grave, los pacientes precisan
ayuda para todas las necesidades básicas de la vida
diaria. Hay que vestirlos y desvestirlos, asearlos, acompañarlos
al baño y darles de comer. En esta etapa inician
una incontinencia urinaria, sobre todo nocturna. Suelen
presentar alteraciones conductuales, sobre todo cuando se
les obliga a realizar tareas que se niegan a realizar. Pueden
tener reacciones de enfado y agitación al obligarles
al aseo. Apenas comprenden el lenguaje complejo, tienen
anomia intensa y el lenguaje espontáneo está
muy reducido. La etapa terminal de la EA es un estado de
desconexión total del medio externo, grados variables
de estupor y rigidez generalizada. Posteriormente los pacientes
fallecen por debilitamiento progresivo y complicaciones
asociadas.