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Sección:
Salud Mental en el Trabajo

Cómo trabajar en equipo (1ª parte).
Alfonso Alonso Parga Beatriz y Becerro de Bengoa . Editores y Coordinadores de la sección: Salud Mental en el Trabajo

Es muy común ver cómo las personas en el trabajo son individualidades que piensan en sus propios intereses, éstos son valorados y protegidos “a toda costa”. Sin embargo, la realidad es que casi todos nuestros objetivos se consiguen sólo en grupo.
Cuando los grupos se convierten en eficaces es porque comparten valores y su forma de trabajar está encaminada a resolver problemas. Es en este momento cuando el rendimiento del equipo está en el punto máximo y cuando se produce una mejor calidad de vida en el equipo, todo sale bien ya que prácticamente no se cometen errores. De hecho, estas dos condiciones son las que favorecen el que la productividad sea superior.

Para poder hablar de equipo de trabajo se tienen que dar unas condiciones especiales:

  • Tiene que ser de un tamaño reducido, si esto no es así, no se produce la interacción necesaria, con lo que no se favorecería la construcción del equipo.
  • Debe haber unas habilidades complementarias para que todos aporten cosas distintas y exista una “dependencia” que los una. De esta forma se consigue la cohesión del equipo.
  • Es necesario un objetivo común. Lo que favorecerá que todos remen en la misma dirección.
  • La generosidad o preocupación por el compañero. Este fenómeno tiene un lugar de vital importancia, ya que no siempre se tiene “un buen día”, y es en ese momento cuando se ven más las individualidades o conductas egoístas. El compañero tiene que ser benévolo y mostrar su comprensión.
  • La manera de trabajar tiene que ser asumida y debe encajar con la del resto de los compañeros. No se puede ir “por libre”.
  • El resultado del trabajo, sea positivo o negativo, es defendido por el equipo en su totalidad y no por alguna persona. Es todos ganamos o todos perdemos.
  • La coordinación es fundamental para que el equipo funcione y consiga los resultados esperados.

Imaginemos a un cuerpo especial de policías que tiene que entrar en una casa porque están informados de que hay unos terroristas dentro. Además de tener todo muy bien planificado, llega el momento de entrar. Es en ese momento cuando entramos a analizar los puntos que hemos señalado. Si somos capaces de recordar alguna película con este tipo de argumento, nos daremos cuenta que ese cuerpo de policía tiene que ser de tamaño reducido (aproximadamente 10 personas), tienen que ser distintos los integrantes y con habilidades diferentes (especialistas en estupefacientes, armas, explosivos, etc), con un objetivo común (la misión), preocupación por el compañero (si hieren a un integrante, lo tratan de rescatar aunque se estén jugando la vida), forma de trabajar parecida (los protocolos deben ser respetados), el resultado del trabajo es defendido por el equipo (tanto si se consigue atrapar a los terroristas como si no, es por el trabajo de todo el equipo), la coordinación es fundamental (el éxito o el fracaso de la misión tiene que ir por fases y cada uno de los integrantes debe de cumplir una fase en concreto, si uno de ellos fracasa, su compañero se resiente y no se consigue el resultado esperado).
No olvidemos que la policía es un tipo de empresa. Y este símil también se puede aplicar a cualquier otra empresa.

Pongamos otro ejemplo, una empresa de construcción. Como estamos comentando, los equipos son entidades mucho más eficaces que las personas individuales. Para poder construir una casa nos vamos a enfrentar a multitud de problemas que requieren multitud de disciplinas u oficios que están interactuando en el mismo tiempo. En este caso, se encuentran los que ponen los ladrillos, los carpinteros, los que manejan el hierro que sirve de estructura a la casa, los yesistas, los pintores y muchos oficios más. Todos tienen que estar dirigidos por la batuta del encargado y éste a su vez por el jefe de obra. Si algún particular compra una casa y ésta no tiene el sistema de ventilación, es porque no se ha trabajado en equipo. Si analizamos en profundidad la situación nos damos cuenta de que el equipo ha fallado en varios aspectos de los señalados anteriormente:

  1. Es necesario un objetivo común. No ha habido tal objetivo, se ha ido por libre. Cada oficio ha hecho lo que tenia que hacer, sin tener en cuenta los demás oficios.
  2. La generosidad o preocupación por el compañero. Ese fallo es tan grave que cualquier persona con muy poca experiencia es capaz de darse cuenta de que falta uno de los sumideros. Pero nadie ha dicho nada, todos se han callado y el cliente final o usuario de la casa será el que sufra las consecuencias.
  3. La coordinación. Es un claro ejemplo de que no hay coordinación, se ha hecho el trabajo y cada colectivo u oficio lo ha hecho sin tener en cuenta las diferentes fases: primero es un oficio, los que manejan el hierro, luego otro, los ladrilleros, y así hasta acabar con los pintores. Todos los oficios debían ser coordinados por el encargado y éste a su vez coordinado por el jefe de obra. Sin embargo, esto no se ha realizado.

Cada vez es más normal que los equipos de trabajo se forman para la resolución de problemas con un tiempo determinado y una vez conseguido el objetivo se disuelven. Este sería el caso de situaciones de crisis y los famosos equipos denominados: gabinetes de crisis. También puede ocurrir que se vuelvan a recomponer con otro tipo de objetivos o metas. Hay que tener en cuenta que los equipos son la forma más idónea para fomentar la comunicación entre los distintos departamentos, pero a su vez, si no se tienen en cuenta las variables que provocan la falta o mala comunicación, pueden llegar a ser el mayor de los fracasos. Por último, la propia cultura de la empresa puede fomentar o no que se generen equipos de trabajo. En este caso, podemos pensar en algunas empresas muy jerarquizadas, con liderazgo coercitivo, etc., que no favorecen la creación de equipos de trabajo.

Las mejores situaciones para que se generen equipos de trabajo, se producen cuando:

  • Se necesitan diferentes personas con habilidades, experiencias y conocimientos diferentes.
  • Hay que dar una mayor rapidez de respuesta al cliente tanto interno como externo.
  • Es necesario buscar nuevas ideas o soluciones.
  • Deben de mejorarse los procesos.
  • Se han de implantar decisiones complejas.
  • Tienen que realizarse tareas complejas o interdependientes.
  • Han de darse funciones de coordinación.
  • El nivel de exigencia es muy alto y es necesario un compromiso en la entrega de los resultados.

Un factor a tener en cuenta es “la diversión”, cuando el equipo está cohesionado y funciona en un nivel de óptimo rendimiento, ocurre que el equipo disfruta y se recrea trabajando. Este síntoma se produce porque hay un bienestar o salud mental muy buena y lógicamente ese bienestar se consigue a su vez porque los objetivos están siendo alcanzados por el equipo. Además, puede ocurrir que el equipo se encuentre con la posibilidad de que pueda seguir trabajando para ese proyecto y otros en un futuro. Es decir, la probabilidad de que puedan seguir creciendo juntos. Y este dato, también les haga disfrutar aún más, ya que se encuentran más unidos.

Toda esta concepción de equipo se puede ver truncada por varias razones:

1.- La dirección está basada en el individuo. Si la Cultura de la Empresa está basada en el individualismo, y sólo premia al individuo, ya que no hay incentivos grupales sólo individuales, es muy poco factible el que se pueda trabajar en equipo.
2.- El trabajo en equipo asusta. Puede ocurrir que haya personas que no quieran estar sometidas a unas normas o procedimientos. Es el típico caso de los comerciales que consiguen sus objetivos pero “a su manera”. No quieren que les incordien en sus ritmos de trabajo.
3.- Autonomía y soberbia.- hay personas que están muy seguras de sí mismas por diversas razones: tienen mucha experiencia, son “llaneros solitarios” por su tipología o personalidad, tienen mucha edad, etc. Eso les impide trabajar en equipo.
4.- No se cree en el trabajo en equipo.- las malas experiencias con compañeros de trabajo como en reuniones ineficaces, discusiones innecesarias, situaciones de “estar vendido” por alguien, o por la simple comodidad de no tener que dar explicaciones a nadie, hace que no se crea en el trabajo en equipo.

Sin embargo, está claro que pese a los puntos anteriores en equipo se rinde mucho más que si estás “sólo ante el peligro”. Frases como “divide y vencerás”, o “la unión hace la fuerza”, garantizan la premisa que “…sólo en tanto que el hombre en la sociedad luche por preservar su individualidad haciendo causa común con sus semejantes podrá tener la esperanza de seguir siendo un individuo”, tal y como dijeron David Krech, Richard S. Crutchfield y Egerton L. Ballachey en su libro Individual in Society.


Alfonso Alonso Parga Beatriz Becerro de Bengoa

 


 

 

 

 

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