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Sección:
Salud Mental en el Trabajo

MODELO DE CONFIANZA PARA EL ÉXITO LABORAL (2ª parte). El uso inadecuado del correo electrónico
Alfonso Alonso Parga
Beatriz y Becerro de Bengoa . Editores y Coordinadores de la sección: Salud Mental en el Trabajo

Hoy en día se ha perdido la confianza en las personas, en qué me nos basamos, en lo siguiente. En la mayoría de los trabajos se utiliza el correo electrónico, ya que todo se hace por escrito. Este planteamiento a priori es correcto y bueno, la idea que tiene la empresa es que se implanten sistemas de información más ágiles y útiles para que la información vaya en todas las direcciones. Hasta ahí todo va bien. El problema surge, cuando se da más información de la que realmente necesitan los trabajadores o receptores de la información. Por otra parte, hay momentos en que la información que se envía es incorrecta. Con tanta información y además incorrecta, las personas en el trabajo empiezan a ser más desconfiadas, tienen más miedo, más incertidumbre, están a la defensiva, de tal forma que lo que hacen es buscar seguridad, por eso lo que envían lo hacen con copia en el mejor de los casos y con copia oculta en el último extremo, de tal forma que al final, el correo electrónico se ha convertido en el “mayor enemigo de la confianza”. Esto, supone que se propicie y abone el terreno para dejar de confiar en los demás, de hecho, se envían los correos y no se habla cara a cara o por teléfono, ¡grave error!, como sabemos, por correo queda reflejado que lo tiene el otro y además por escrito, es una especie de “ya te lo he dicho y hay constancia de ello”. Por otro lado, el mismo correo, para el que lo envía, se ha convertido en el “mayor aliado laboral que cubre su zona de seguridad”, es una manera de cubrirse las espaldas, de hacer del correo una herramienta para evitar “regañinas” por parte de otros, es una especie de “flotador salvavidas”, le sirve al emisor de la información para recriminar, es como si dijéramos al receptor de la misma: “ya te lo había enviado, es un problema tuyo”, o “dispones de la información, si luego no actúas con coherencia, no es problema mío”. Es decir, se trata de mantenerse a flote, en el caso del que emite o transfiere la información, y por el contrario, de echar la charla en el caso del que ha recibido la información y “no cumple con lo que dice en el correo”. En cualquiera de los dos casos lo que subyace es la mala intencionalidad de la acción de informar o ser informado, de buscar la culpa en los demás. Dando por hecho la no confianza en el otro y viceversa. Hay que tener en cuenta que el correo se hizo para mantener informado a los demás de forma rápida, es decir, se construye desde la buena intencionalidad, para ayudar. Sin embargo,  parece ser que el objetivo actual de los trabajadores no es el de informar, sino el recriminar a los demás de que ya disponen de la información, de pensar que ya he hecho mi trabajo y ahora eres tú el que tiene el problema. En definitiva, la conclusión a la que se llega es que se hace un mal uso del correo.

Apretón de manos vs Correo electrónico

Hemos sufrido en muy poco tiempo un cambio profundo en la forma de confiar en los demás. Hoy en día se practica el no confiar en los demás, los padres dicen a sus hijos que tengan cuidado, que no se fíen de la primera persona que les sonríe, que no hablen con desconocidos. Este planteamiento también se ha trasladado al mundo laboral, pero existe un dato que es totalmente diferenciador del ejemplo de los padres con los hijos. Y es que al compañero, jefe o colaborador, en la mayoría de los casos se le suele conocer. Sin embargo, a nivel laboral también se produce la misma situación del niño con el desconocido. La realidad es que lo que piensa el trabajador del otro (jefe, compañero o colaborador) es “no me interesa relacionarme con él”, “lo que me importa es que mi trabajo esté bien hecho”, este tipo de pensamiento ha generado y está provocando una sociedad más individualista, se piensa en uno mismo y no tanto en relacionarse con los demás. Este es el motivo por el que no se valore, y mucho menos, se confíe en los demás. Ya no importa hacer amigos en el trabajo, se trabaja por y para ganar dinero, esto significa que las relaciones que se generan son superficiales y banales.

Por el contrario, antes se valoraba mucho el hacer una familia de la empresa. Los problemas que surgían, eran solucionados de una manera correcta, que consiste en abordar situaciones complicadas de forma natural, adecuada y normalizada. Lo que significan estos adjetivos lo explicamos con el siguiente ejemplo. Cuando hemos reñido con algún amigo, con la familia, la pareja o con los hijos, lo normal y adecuado es quedar cara a cara y no enviarle un correo para tratar el problema. De forma que lo más natural es hablar y reconducir la situación. Si le enviásemos un correo, sería una forma de tratar el problema de forma extraña, antinatural, como que no viene a cuento, es un comportamiento tan frío que no tiene sentido. Queda antinatural.

A nivel laboral, hoy en día, las situaciones complicadas se abordan desde el correo, de forma antinatural, donde los datos personales como las ganas, motivación, implicación, comentarios y actitudes se desdeñan sin ningún tipo de pudor, es decir, impera más la información frente a la comunicación, o lo que es lo mismo, no existe confianza de ningún tipo, ni personal ni profesional. Por eso, todo se soluciona a través del correo electrónico. El relacionarse vía e-mail es muy sofisticado y rápido, pero no siempre es la mejor solución, de hecho es un medio pobre ya que te da mucha información pero no proporciona los suficientes datos. Es decir, mientras que en una conversación cara a cara, dispones de más información, al favorecer la comunicación, en el correo no se consigue lo mismo, disponemos de datos fríos pero no de datos emocionales. En definitiva, enviando correos lo que se consigue es no interactuar con los demás ya que no interesa porque no nos fiamos de los otros. Y lo peor, es que es muy difícil romper esa barrera que todas las personas ponen o están poniendo actualmente en el mundo laboral.

Sin embargo, no hace mucho tiempo se hacía un uso adecuado de la comunicación en la empresa donde las cosas importantes se hacían cara a cara, en reuniones, donde se disponían de todos los datos tales como expresiones de la cara, entonaciones de voz, gestos, etc., donde las personas se fiaban unas de otras, o lo que es lo mismo, confiaban unas en otras.
Siguiendo con los ejemplos, podemos pensar en personas en sitios como pueblos apartados del bullicio de la ciudad, si aquellos lugareños tuvieran que hacer una  compra-venta de tierras lo harían de la siguiente manera firmando un acuerdo con un simple pero auténtico apretón de manos, en una especie de pacto entre caballeros, no habría nada por escrito en ese pacto, pero aquello que se acordara era tan importante que prácticamente era imposible pensar que no se cumpliera ese acuerdo. El honor y la credibilidad eran los valores que hacían que el pacto surtiera el resultado esperado.

Hoy en día, se usa el correo electrónico para solucionar problemas y conflictos. Y nos hemos olvidado que las premisas fundamentales son:

Premisa 1: Comunicación cara a cara para situaciones atípicas (de problema, de conflicto).

Premisa 2: Correo electrónico para situaciones típicas (cotidianas o meramente informativas).

¿Dónde se ha ido la confianza?. 

Hemos citado los ejemplos de los padres con los hijos por un lado y la forma de actuar con el correo electrónico en el trabajo. Estos ejemplos no facilitan desarrollar la confianza. Por eso, la confianza la hemos mandado muy lejos, tanto, que casi no la podemos ver y mucho menos tocar.

Para poder ver y luego tocar (sentir) la confianza, es necesario tener en cuenta una premisa fundamental:

La confianza empieza en uno mismo y luego en los demás.

Esta premisa es muy fácil de escribir pero muy complicada de llevarla a la práctica.

Lo que hay que tener en cuenta para poder aplicar esta premisa es lo siguiente:

La confianza ciega o confianza absoluta no es buena. Ese es el principio a evitar. Depositar en alguien “tu confianza”, no significa dejar de ser inteligente. Tampoco significa ser desconfiado. Significa estar alerta o lo que es lo mismo, no bajar la guardia. Sigamos con un ejemplo para explicarlo de forma que se aclare más lo que decimos. Imaginemos a un matrimonio donde uno de ellos se marcha de viaje por un mes. Aplicando la confianza ciega el marido o la mujer que se ha marchado, lo que hace es llamar por teléfono para decir que ha llegado perfectamente al hotel y que a la vuelta volverá a llamar para decir a qué hora estará de regreso. Este planteamiento a muchos de nosotros nos puede resultar chocante porque a todos nos invade la pregunta de si no le va a llamar durante todo un mes. Obviamente este planteamiento es abandonar la relación a su suerte. Para que exista confianza hay que ser inteligente y no dejar que la suerte forme parte del juego, lo que significa que hay que cultivar la confianza, hay que estar pendiente de que todo está controlado y que no hay ninguna posibilidad de que se descontrolen las expectativas de que al regresar al hogar no haya sorpresas negativas de última hora. Otro ejemplo de que no hay que tener una confianza absoluta es la que se supone con el médico, ya que éste también se puede confundir. Cuidado, no hay que malinterpretar estas palabras. Al médico se le respeta su profesionalidad, siempre y cuando los resultados prometidos y las expectativas depositadas en él sean positivas.

¿Cómo estimular  la confianza?.

Hemos comentado que la confianza empieza en uno mismo y luego en los demás.

“La confianza constituye una de las formas más poderosas de motivación e inspiración. Las personas quieren que confíen en ellas; responden a la confianza; se crecen con la confianza”. Esta cita, la escribe Stephen M. R. Covey en su libro: El factor confianza. Refleja perfectamente que la confianza en sí misma es el motor mismo, es la causa y el fin al mismo tiempo para relacionarse correctamente con las personas, o para generar relaciones de éxito tanto personales como profesionales.

Para poder estimular la confianza no podemos pensar que empiece el otro, que yo no haga nada, al contrario, tenemos que empezar por nosotros mismos. Una persona de fiar es una persona que cumple con lo que dice. Por eso cuando nos proponemos que durante el verano vamos a adelgazar y no lo hacemos, lo que estamos proyectando es que lo que decimos son palabras y sólo eso, no se consolida, no se hace realidad, y por lo tanto, a partir de ese momento dejas de ser creíble para ti mismo. El no ser creíble es el principal problema para no generar confianza, ya que es muy difícil proyectar algo que no eres. Por lo tanto, no se puede esperar que los demás confíen en que soy capaz de adelgazar cuando no me lo creo ni yo. Una persona mentirosa con buena o mala intencionalidad no genera confianza. Por eso, la confianza se proyecta, se transmite, se piensa y se siente.

En relación a la confianza en los demás, lo más importante es que lo que dices y lo que haces se corresponde con la realidad. Es decir, si a un amigo le dices que le prestas 6.000 euros para hacer frente a una deuda para que no le embarguen la casa, y resulta que no lo haces, seguramente habrás perdido un amigo, porque el que dependa de ti ese amigo y no cumplas lo que le dices es lo peor que se puede hacer, de hecho lo que has generado es una expectativa tan positiva (es un gran favor) que luego no cumples (es un gran desfavor) con unas consecuencias muy negativas ya que le embargan la casa. Esa el mejor forma de actuar para que no confíen en ti.

Por último y como conclusión, no podemos olvidar que cuanto antes generemos confianza, antes generaremos mejores resultados.

 

 


Alfonso Alonso Parga Beatriz Becerro de Bengoa

 


 

 

 

 

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