La complejidad
del dolor físico
Alejandra Carmona Franco, Editora
y Coordinadora de la sección
El dolor físico es
una de las señales más común de “posible
daño” que el organismo activa para indicarnos
que algo no va bien; cuando el dolor es muy intenso, es
anormal o mantenido en el tiempo, provoca la consulta al
médico. Pero el dolor no es solo una experiencia
física, sino también emocional y psicológica.
Especialidades médicas
como la medicina de familia, traumatología, reumatología,
cirugía, medicina interna y otras muchas, trabajan
a diario con el dolor. La medicina en general tiene muy
presente un concepto complejo del dolor, no solo como un
constructo físico o biológico, sino también
emocional y psicológico, ya que los aspectos psicológicos
que acompañan la experiencia de dolor en ocasiones
son tanto o más importantes que la propia lesión.
Los profesionales sanitarios disponen de múltiples
estrategias para hacer ver a la persona afectada esta multiplicidad
de factores hacia los que dirigir la actuación, aunque
la complejidad de ciertos procesos puede hacer necesaria
una intervención psicológica.
Como se ha apuntado
en anteriores artículos de esta sección, el
ser humano es un todo indivisible y la mayoría de
los procesos que ocurren en el organismo humano tienen ese
mismo rasgo multifactorial, como ocurre con el dolor. Hoy
abordaremos ese concepto de dolor en toda su extensión.
El dolor es una experiencia
sensorial y emocional desagradable asociada a daño
real o potencial, afectada por componentes emocionales y
psicológicos, cuyas complejas interacciones forman
una experiencia de dolor que sólo es accesible a
la propia persona. Por tanto, la percepción de dolor
va a ser distinta en cada persona, siendo esa forma de sentir
e interpretar el dolor subjetiva, es decir, es difícil
de evaluar clínica y objetivamente porque no se puede
medir (como ocurre por ejemplo con el amor).
A continuación
analizaremos cuáles son los componentes que influyen
en la experiencia de dolor.
Los factores físicos
corresponderían a la información que manda
el organismo desde el lugar donde se encuentra la “lesión”.
Cuando existe lesión, ésta va a determinar
el tipo de dolor en cuanto a intensidad, frecuencia y extensión.
Así por ejemplo, respecto a la extensión de
la lesión, la rotura de un hueso del brazo provocará
un dolor agudo e intenso localizado en el miembro afectado;
en cambio una contractura muscular en la zona del hombro,
puede provocar un dolor más difuso y menos agudo
en la zona afectada, junto con un dolor irradiado hacia
zonas periféricas; otro ejemplo distinto sería
el dolor producido por un cáncer de huesos, que es
agudo, de intensidad máxima, y que puede estar localizado
en muchos puntos del cuerpo y no desaparece con el tiempo.
Dentro de estos factores físicos también se
encuentran otros como por ejemplo el cansancio, la tensión
muscular en la espalda o la inflamación en las manos.
Finalmente las condiciones del organismo previas también
pueden influir, como por ejemplo condiciones de circulación,
inflamación, etc.
“Yo no quiero
parar y descansar porque me da miedo llegar a una situación
de incapacidad absoluta, pero a la vez eso me supone más
cansancio y dolor" (condiciones físicas: cansancio)
“tengo una
contractura en el hombro que hace que al final del día
me duela toda la espalda, en especial la zona lumbar; llega
un punto que no sé cómo ponerme y seguro que
esto me produce más dolores ¡como si no tuviese
bastante con el hombro!” (condiciones físicas:
tensión muscular)
Los factores emocionales
se refieren a la ansiedad, la depresión, la preocupación
(como en el ejemplo anterior), o los altos niveles de excitación.
“Es como ir
en un tren de alta velocidad del que no puedes bajarte,
te duele pero la preocupación te crea tal ansiedad
que sigues, y claro, enseguida te duele más”
(ansiedad y preocupación)
“Me he dado
cuenta que cuanto más nerviosa estoy, peor me encuentro,
así que tengo que procurar no estar nerviosa”
(ansiedad)
“Llega un momento
que no eres consciente de lo que haces, caes en una depresión,
y son los que te rodean los que te tienen que decir ven
para acá, te llevamos a tal, porque tu ya no puedes.
Es una pesadilla que intento evitar, pero lo intento evitar
queriendo hacerlo todo, y al final yo misma me precipito
hacia la pesadilla” (depresión)
Por último,
entre los factores cognitivos encontraríamos la atención
que se centra en el dolor, las creencias y actitudes acerca
del significado del dolor, la interpretación de la
experiencia anterior, y/o la sensación de falta de
control sobre el dolor.
“Yo llevo el
dolor mucho mejor en el trabajo que en casa, porque mi trabajo
me encanta y estoy totalmente entregada a él, por
lo que me distrae y creo que eso me mitiga el dolor”
(distracción frente a atención mantenida)
“Pienso que
si paro terminaré en una silla de ruedas” (creencias)
"Aunque disminuya
el dolor, el recuerdo que te queda en la mente de ese pico
de dolor máximo en los 5 minutos anteriores, hace
que cuando disminuye el dolor no lo percibas" (experiencia
previa)
"A mí
una de las cosas que me ayuda a llevar el dolor es que sabes
que hay una temporada en la que vas a estar mucho mejor"
(expectativas)
Así, si está
muy nervioso probablemente estará incrementando su
percepción del dolor; si está tremendamente
cansado pero aún así se exige más,
aumentará su dolor; si se encuentra sumido en un
estado de ánimo depresivo, su grado de indefensión
será tal, que vivirá su dolor mucho peor.
Estos son sólo algunos ejemplos de como lo que siente,
lo que piensa y lo que hace influye en su percepción
del dolor. Conocer todos estos aspectos influyentes puede
ser muy beneficioso para manejar de forma más eficaz
el dolor.
No obstante, es importante
tener claro el tipo de afectación, ya que la complejidad
de ciertas enfermedades puede agravar el proceso innato
de afrontamiento de la situación de dolor, y hacer
necesario la intervención especializada de otros
profesionales para manejar la complicación de estos
factores.
En este punto, por ejemplo, la psicología trabaja
activamente en el manejo y tratamiento del dolor crónico,
entendido éste como aquel que persiste al menos un
mes más que la lesión causal y que permanece
una vez que dicha lesión desaparece. Pero este tema
se tratará en otro apartado.