Tu
corazón fuente de vida
Alejandra Carmona Franco, Editora
y Coordinadora de la sección
El corazón es uno de los principales órganos
vitales del cuerpo humano. Cuando se produce una enfermedad
coronaria se produce una reacción a todos los niveles,
dándose una nueva realidad biológica, psicológica
y social que es importante cuidar.
Hoy en día
entendemos al ser humano como un todo complejo, en una realidad
biológica, psicológica y social, donde todas
las variables influyen unas sobre otras, y donde la división
en compartimentos estancos no hace más que reducir
el entendimiento de lo que le ocurre al ser humano.
En psicología
se trabaja en una rama llamada psicología de la salud,
encargada de abordar aspectos que ponen en relación
la importancia de la mente y su influencia en los procesos
de enfermedad. Con esta idea es fácil entender que
las aportaciones de la psicología se encuentren en
un amplio abanico de especialidades médicas, ya que
la experiencia nos dice que los aspectos psicológicos
y sociales de cada individuo pueden llegar a tener una mayor
importancia que las propias causas biológicas, en
el origen y evolución de algunas enfermedades.
La medicina psicosomática
aborda estas relaciones teniendo en cuenta la influencia
de factores como la propia vida de la persona, sus experiencias,
su herencia y genética, y que hace que cada ser humano
sea único, que su reacción ante una enfermedad
sea particular y que el manejo de ésta también
sea exclusivo. En esta línea se entiende que en las
enfermedades se da la presencia de estados emocionales,
de pensamientos sobre lo que supone estar enfermo, de los
problemas añadidos que conlleva la enfermedad respecto
al tratamiento, la calidad de vida, el pronóstico,
etc.
Así, dentro
de las enfermedades psicosomáticas uno de los grupos
estudiados ha sido el relacionado con el sistema cardiovascular,
donde se incluyen la hipertensión y las cardiopatías,
como las más conocidas.
A grandes rasgos,
la cardiopatía se da por la acumulación de
tejido en el interior de las paredes del corazón,
que produce una alteración en su funcionamiento dificultando
la capacidad de bombear sangre, y que provoca la disminución
del riego sanguíneo.
La hipertensión
hace referencia a la presencia de forma mantenida en el
tiempo de cifras tensionales elevadas, y que no tienen relación
con la elevación puntual y normal de la tensión
ante circunstancias específicas (como por ejemplo
cuando se realiza ejercicio).
En los orígenes
de estas enfermedades influyen factores que no se pueden
modificar como la edad, el sexo, y el componente hereditario.
Otro grupo de factores son los que tienen que ver con las
conductas que el sujeto ha mantenido a lo largo de su vida
como el consumo de tabaco y de cafeína, o el mantenimiento
de una dieta rica en grasas y carbohidratos refinados; o
trastornos producidos por una inadecuada salud como la obesidad
o el colesterol. Un último grupo de factores que
influyen en el origen y mantenimiento de los problemas del
corazón son los factores emocionales, fundamentalmente
el estrés, la ira o el patrón de conducta
de Tipo A, lo que sitúa a las enfermedades coronarias
entre las más relacionadas con la calidad de vida.
Pero además de los posibles procesos que influyen
en la presentación y origen de estas enfermedades,
también es importante tener presente lo que ocurre
una vez la enfermedad se ha manifestado. Cuando se produce
una enfermedad física de cualquier tipo, la persona
tiene que realizar un proceso de adaptación física,
mental y emocional para asumir y afrontar su nueva condición
de salud, y que influirá en todas las áreas
de su vida: individual, familiar, laboral y social.
Si esta acomodación
a la nueva situación no se da de forma adecuada aparecerán
reacciones en la persona perjudiciales para el proceso global.
En este momento por ejemplo, la persona puede verse invadida
por un intenso miedo, o por el contrario puede adoptar una
actitud de negación de los hechos o de la gravedad
de los mismos. Respecto al miedo, puede darse tanto ante
la posibilidad de que pueda volver a darse otro infarto,
como a la posibilidad de que la enfermedad conlleve la muerte.
Estos temores pueden provocar que la persona se aísle,
o no quiera realizar actividades cotidianas y condicionar
su ritmo diario de vida, lo que a su vez genera sentimientos
de incapacidad. Y respecto a la negación, la persona
puede pasar al polo contrario, realizando conductas de riesgo
para su salud. Es muy frecuente también la aparición
de respuestas emocionales como la depresión y la
ansiedad, tanto en el momento de la aparición de
la enfermedad como a lo largo de su evolución.
Con este conjunto
de factores, los equipos médicos se encuentran ante
la complejidad de un tratamiento que requiere muchos cambios
para intentar conseguir una óptima recuperación
de la persona. Las principales actuaciones del cardiólogo
y de su equipo irán encaminadas a tres bloques de
intervención: en primer lugar el control biológico
de la enfermedad; en segundo lugar la educación respecto
a criterios de calidad de vida saludables entre los que
se encuentran la eliminación del consumo de tabaco
y estimulantes, y la implantación de dieta equilibrada,
ejercicio regular, sueño y descanso adecuados, etc;
en tercer lugar encontramos las estrategias de intervención
encaminadas a controlar los factores emocionales.
En este tercer bloque
es donde el apoyo y tratamiento psicológico se puede
hacer necesario para controlar el estrés, modificar
pensamientos, asumir el nuevo rol ante la enfermedad, modificar
las reacciones ante la ira, establecer nuevas actuaciones
en las diferentes áreas de la vida de la persona,
o manejar los cambios que se producirán en las relaciones
sociales y familiares entre otros factores.
Queda claro que una
enfermedad coronaria conlleva cambios, pero también
que éstos se pueden realizar, siendo muchas las estrategias
que tanto la persona como su entorno puede adoptar, y muchos
los apoyos que puede encontrar. Es importante seguir los
consejos médicos y recurrir a la ayuda psicológica
especializada si se encuentran dificultades en el camino.