LA
CONSULTA DEL DENTISTA
Alejandra
Carmona Franco, Editora y Coordinadora de la sección
La psicología de la salud aporta al quehacer diario
de los dentistas instrumentos valiosos para poder manejar
situaciones difíciles, y a la propia persona numerosas
estrategias para conseguir una óptima salud dental.
Si bien el tratamiento
odontológico no es asumido por los sistemas públicos
de salud en muchos países, es un problema de salud
en mayúsculas, que a la mayoría de las personas
preocupa y angustia cuando debe enfrentarse a él,
bien sea para uno mismo o para los hijos.
Hoy en día la odontología como cualquier otra
ciencia se mueve en un campo multidisciplinar, es decir,
actúa conjuntamente con múltiples profesionales
de otros ámbitos de forma que están preparados
para derivar los problemas que no sean de su ámbito
a estos especialistas. Entre estos profesionales se encuentran
los de la salud mental, y concretamente los psicologos.
Las aportaciones de la psicología se han realizado
en muchos niveles, porque cuando hablamos de salud bucodental
el trabajo comienza en la educación y prevención
desde que se es pequeño y se mantiene a lo largo
de toda la vida. Estas aportaciones se han ido incorporando
con los años en los estudios de odontología
de forma que son los propios dentistas quienes lo utilizan
en muchos casos.
Los hábitos en general
son actos que se convierten en una costumbre o práctica
adquirida gracias a la frecuente repetición de dicho
acto. La adquisición de hábitos saludables
relacionados con la higiene bucodental debe aprenderse desde
edades muy tempranas; es el campo que abarca la prevención
y que pretende evitar que aparezcan problemas posteriormente.
Así, a nivel preventivo, los odontólogos realizan
intervenciones educativas a través de información
e instrucciones, utilizando técnicas como la ejecución
supervisada, la modificación de actitudes y creencias,
las intervenciones dirigidas a entrenar los comportamientos
de higiene dental, e intervenciones dirigidas a incrementar
la adherencia a las prácticas de higiene dental.
A pesar de las intervenciones
preventivas en ocasiones surgen problemas, para cuyo tratamiento
y manejo eficaz también la psicología hace
aportaciones al campo de la odontología. Para el
manejo de otros problemas odontológicos como el bruxismo,
la disfunción de la articulación temporomandibular
(ATM), la implantación de aparatos de ortodoncia,
o la succión del dedo, encontramos técnicas
psicológicas y educativas como: el uso de reforzadores,
que se utiliza para aumentar la frecuencia en la realización
de una conducta, pudiendo ser los reforzadores de tipo social
como los elogios o la atención prestada, de tipo
material y de actividad; la progresión que es otra
técnica en la que se divide la realización
de la conducta en pasos más pequeños y en
orden; el moldeamiento, en el que se van reforzando las
aproximaciones a la conducta en lugar de la conducta ideal;
la economía de fichas, donde se utilizan fichas a
las que se les define un valor y se intercambian por reforzadores
de apoyo previamente establecidos; y los contratos de contingencias,
donde a través de un contrato con la persona que
debe realizar el cambio se establece la relación
entre las conductas y sus consecuencias, y a lo que se asocian
reforzadores. En algunos de estos problemas odontológicos
influyen alteraciones emocionales como la ansiedad, par
los que las técnicas de relajación se han
mostrado eficaces en su manejo.
Otro problema donde trabajan
conjuntamente la psicología y la odontología
es en la aparición y manejo del miedo, factor en
muchas ocasiones asociado a la consulta del dentista. Cuando
éste aparece puede provocar situaciones como evitar
llamar para pedir una cita, evitar revisiones periódicas,
que se den conductas durante la consulta como cerrar la
boca, ladear la cabeza, levantarse, dar manotazos, gritar,
quejarse o llorar. Dentro de los miedos se han hecho estudios
que indican que los más frecuentes están asociados
al hecho de ver la jeringa, al pinchazo de la anestesia,
a escuchar el sonido del torno y a la visión de éste.
Y respecto a las intervenciones las más temidas son
las extracciones de piezas y las endodoncias.
La prevención del miedo se realiza fundamentalmente
con niños. Para ello se utilizan diferentes técnicas
como crear un medio ambiente controlado y seguro que no
le resulte aversivo al niño, utilizando muebles infantiles
y juguetes en la sala de espera; es importante que todo
el personal tenga un buen entrenamiento encaminado a controlar
adecuadamente el comportamiento del niño, utilizando
además un vocabulario y reforzadores apropiados;
en todo este manejo también es bueno permitir que
el niño se familiarice con los instrumentos dentales
que se van a utilizar. Otra de las premisas es evitar, siempre
que sea posible, que se utilicen con el niño medidas
y procedimientos invasivos. Por último, otra de las
recomendaciones es la creación de una historia de
experiencias positivas asociadas a la situación dental,
a través de las llamadas técnicas preparatorias.
En el tratamiento de los miedos cuando ya están instaurados,
se utilizan técnicas psicológicas concretas
tanto en niños como en adultos, como la relajación
y la visualización o la desensibilización
sistemática. El dentista siempre tendrá presente
la evaluación de la conducta, y dependiendo de la
duración e intensidad del miedo realizará
intervenciones encaminadas a su manejo, o derivará
a un profesional de salud mental para trabajar el problema.
Como ya se ha indicado, el
dentista está preparado para la realización
de muchas de estas técnicas que tiene incorporadas
en su práctica diaria, pero siempre ha de hacer un
buen análisis de las conductas de la persona, de
forma que si éstas pasan a tener un carácter
problemático interfiriendo gravemente en el adecuado
tratamiento odontológico, el profesional deberá
derivar a otro especialista que pueda realizar un tratamiento
más específico, complementario a la intervención
odontológica.
Para terminar, me gustaría
hacer hincapié en el carácter divulgativo
de esta exposición, teniendo presente que todas estas
técnicas deben ser utilizadas por personal preparado,
ya que la mala utilización de estas técnicas
puede provocar la aparición de problemas o agravar
los ya existentes, incluso en el caso de la prevención
es importante tener una información extensa y clara.
Además, los problemas psicológicos concretos
que se han ido planteando, se podrán abordar más
extensamente en otras secciones de la revista, con el ánimo
de que usted pueda tener más información.
Recuerde que su dentista y los profesionales de salud mental
le pueden aconsejar lo más adecuado en cada situación.