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Sección:
Psicología Clínica

LA PIEL NOS HABLA IV– LA CALVICIE
Alejandra Carmona Franco, Editora y Coordinadora de la sección: "Apoyo a otras disciplinas"

¿Moda pasajera o realidad permanente?. Cada vez son más los jóvenes que se rapan la cabeza y vemos ahora más “calvos que nunca”, pero este fenómeno de actualidad es, en parte,  una respuesta ante un problema cada vez más extendido, la calvicie.

La calvicie, o alopecia, es la pérdida del cabello fundamentalmente en la cabeza, aunque puede presentarse también en cualquier parte del cuerpo. La pérdida del cabello tiene en muchas ocasiones un factor hereditario, se suele dar frecuentemente por el paso del tiempo, por cambios hormonales, por alguna enfermedad o por el efecto de ciertos fármacos. Se suele hablar de tres tipos de calvicie, la femenina que no suele provocar la pérdida total del cabello aunque sí por la frente, los laterales y la coronilla; la calvicie masculina, que en un 60 % de los casos tiene un componente hereditario,  y suele seguir el mismo patrón que la femenina pero puede provocar la pérdida total del cabello. Hay un tercer tipo de calvicie que es la llamada alopecia areata, de la que se desconoce su origen aunque los estudios apuntan a problemas autoinmunes, y provoca una pérdida de cabello que se produce de forma repentina en zonas localizadas. En este último caso, los folículos del pelo no se dañan por lo que el pelo suele volver a crecer al cabo de unos meses.

En general, la calvicie puede empeorar o se puede acelerar su proceso en condiciones de estrés, como ocurre con otras enfermedades dermatológicas.

Respecto a la calvicie masculina, en las últimas décadas se ha dado un aumento considerable de su incidencia, probablemente influido por el estrés de las sociedades actuales. Cada vez son más los jóvenes que se rapan la cabeza, y éste es un fenómeno de la moda de nuestra actualidad que, en parte, es una respuesta ante un problema cada vez más extendido, la calvicie. Así, nos hemos encontrado con una solución que le ha solventado a muchos el problema, pero también sigue siendo importante la no aceptación de este problema por parte de otros tantos.

Como hemos comentado en anteriores artículos, el estrés produce una disminución en el funcionamiento adecuado del sistema autoinmune, por lo que el tipo de calvicie llamada areata, al estar relacionada con dicho sistema inmunológico, se ve agravada ante situaciones de estrés. De este modo, una situación de estrés puede provocar la caída del cabello en zonas localizadas que pueden provocar medallones o placas de calvicie, o la caída general del cabello en términos de cantidad, sin provocar medallones pero si disminuyendo considerablemente el volumen del pelo.  En estos casos la recuperación del cabello se suele producir antes de seis meses y de forma espontánea sin necesidad de tratamientos específicos.

Como ya hemos dicho, el estrés también puede acelerar el proceso de la caída del cabello dentro del patrón de la calvicie masculina, aunque en este caso ya existe en un alto porcentaje de personas un patrón hereditario que provoca la predisposición a dicha pérdida.

Cuando la calvicie se produce por estrés, y la causa del estrés es puntual (por ejemplo una mudanza, un cambio de trabajo, una separación, época de exámenes, etc.), tiende a desaparecer cuando el problema se resuelve y, la regeneración del cabello suele darse al cabo de los 3 - 6 meses. Pero cuando el estrés está más relacionado con una forma inadecuada de afrontar los problemas que tiende a generar ansiedad, o cuando de base hay otros problemas de origen psicológico, es fundamental atender estos factores psicológicos ya que son los mantenedores de los síntomas. También es importante tener presente el impacto psicológico que tiene en si misma la vivencia de la pérdida de cabello de forma indiscriminada, que en muchas ocasiones se producen sin que la persona tenga clara o identifique la causa, lo que provoca alarma y produce una alteración de la imagen corporal. Este círculo estrés-calvicie-alarma-estrés, agrava a su vez el síntoma, produciendo alteraciones en el equilibrio emocional de la persona que pueden provocar el mantenimiento del problema.

Ante cualquier situación de pérdida del cabello, hay que acudir en primer lugar al dermatólogo, quien determinará el diagnóstico del tipo de calvicie y actuará en consecuencia. Una vez establecido un diagnóstico de alopecia producida por estrés, es cuando se valorará la conveniencia de recibir asistencia psicológica en aquellos casos en los que se valore que el sufrimiento psicológico de la persona es desproporcionado o existen otros factores psicológicos que lo mantienen.

 


 

Alejandra Carmona Franco

 

 

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