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Sección:
Psicología Clínica

El sueño: su finalidad
D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica

¿Para qué dormimos? ¿Por qué tenemos pesadillas? ¿Se pueden interpretar los sueños?
En esta ocasión nos vamos a centrar en el sueño pero no con respecto a la dificultad de conciliar, el insomnio, sino en lo que ocurre durante el tiempo en el que dormimos.

La finalidad del sueño es doble: descansar física y mentalmente. Por esta razón a lo largo del tiempo que permanecemos en este estado pasamos por diferentes fases que nos permiten ir recuperándonos en estas dos áreas. A lo largo de una noche se suceden intervalos de noventa minutos en los que se van a producir variaciones en nuestra actividad cerebral y muscular. En función del tiempo total dormido pasamos entre cuatro y seis de estos intervalos. Dentro de ellos se dan dos fases fundamentales divisibles a su vez en subfases. En esta ocasión nos quedaremos con las principales: la REM y la no REM. Su nombre proviene de las iniciales inglesas Rapid Eye Moviment, traducido al español como Movimiento Ocular Rápido (MOR). Para quienes no lo sepan, el grupo musical inglés tomó su nombre de estas iniciales. Pues bien, la fase REM está caracterizada por movimientos del globo ocular que son visibles para cualquier observador externo. En esta fase se “descansa física y psicológicamente” y procesamos la información relacionada con el día anterior principalmente. De ésta manera, conseguimos “pasar página” y dar un valor emocional proporcionado a cada acontecimiento. Intentamos quedarnos con los aspectos importantes de lo ocurrido y desechamos el resto. A ésta fase también se le llama de sueño paradójico ya que la respuesta cerebral es prácticamente igual a la que se produce estando despiertos a pesar de que la tensión muscular es inexistente.  Al ser así en esta fase  también se consigue descansar físicamente. En la fase no REM el descanso es fundamentalmente físico, el cuerpo pierde progresivamente el tono muscular y permite la  recuperación para el día siguiente.

Por tanto, en cada intervalo de noventa minutos se alternan las fases que hemos descrito. Al principio de la noche la tendencia es a que la fase de descanso físico sea mayor ya que a priori cuanto antes reparemos nuestro cuerpo, si hubiera algún contratiempo y nos despertáramos, estaríamos  mejor preparados para afrontarlo. Lo que ocurre es que si los problemas o la intensidad de las vivencias es demasiado grande esto alterará la norma y hará que la proporción de sueño dedicada a analizar acontecimientos aumente, lo que puede a su vez producir el despertarse en mitad de la noche y sobre todo la sensación de no haber descansado, independientemente del número de horas que uno haya estado en la cama.

Hasta aquí hemos respondido a la pregunta de para qué dormimos y empezamos a intuir por qué tenemos pesadillas, pero la respuesta a esta pregunta y a la de si se pueden interpretar los sueños la analizaremos en el próximo número.