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Sección:
Psicología Clínica

La Pedofilia y los Abusos sexuales (I)
D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica

Existen conductas sexuales que si bien no son mayoritarias, son aceptadas socialmente y otras que no lo son. La pedofilia es una práctica sexual que produce junto con la violación los mayores sentimientos de repulsa. Por esta razón, quienes sienten deseo sexual hacia niños o niñas suelen ocultarlos con el fin de evitar la evaluación negativa y el rechazo de su grupo de referencia. Esta atracción tiende a llevarse en secreto, en unas ocasiones dejándolo en un deseo, en otras dándole salida por medio de pornografía específica y en otras buscando relaciones reales con niños.

La pedofilia se define como fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actividad sexual con niños (13 años o menos) durante un período no inferior a los seis meses. Por tanto la pedofilia o paidofilia no tiene que dar lugar siempre a un abuso sexual, aunque claramente predispone para ello. De esta forma deberemos ir a la definición de abuso sexual: "los contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el adulto (agresor) usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona. El abuso sexual también puede ser cometido por una persona menor de 18 años, cuando ésta es significativamente mayor que el niño (la víctima) o cuando (el agresor) está en una posición de poder o control sobre otro menor", National Center of Child Abuse and Neglect (NCCAN). Es decir que estrictamente no es necesario que un niño viva la situación como abusiva o traumática para que se esté produciendo igualmente un abuso.

El pedófilo frecuentemente ancla sus deseos sexuales en los sentimientos de excitación conservados de su propia infancia.

El comportamiento del pedófilo suele consistir en:

  • Exhibirse desnudo delante del/la menor con el fin de excitarse sexualmente.
  • Observar al niño/a vestirse o desvestirse o cuando está en el baño, orina, etc (con el mismo fin).
  • Tocarle, besarle, agarrarle.
  • Forzarle a ver imágenes o películas, escuchar conversaciones sexuales, posar para fotografías, ver o presenciar actividades sexuales.
  • Sexo oral o vaginal.
  • Someter a tratamientos médicos innecesarios con el objetivo de tocar al/la menor. .

Al analizar los diferentes casos de abusos sexuales a menores, lo habitual es detectar que los agresores son personas muy cercanas a la víctima: padres, abuelos, tíos… casi siempre varones. En un estudio elaborado por la psiquiatra Patricia Matey, se afirma que un 23% de las mujeres y un 15% de los hombres españoles ha sufrido abusos sexuales en su infancia. Realmente es una cifra que impacta y sorprende. No parece que sea tan frecuente pero los datos alertan del peligro.

Si bien es verdad que no hay que generar un estado de alarma, sí es cierto que los padres, los maestros u otras personas que estén cerca de los niños son los que pueden detectar la existencia de un abuso para poder actuar de forma inmediata protegiendo al menor y proporcionándole la ayuda que le sea necesaria. En el próximo mes abordaremos el tema de cómo podemos detectar un posible abuso sexual y cómo actuar en el caso de confirmarse.

 

Fernando Azor Lafarga

 

 

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