LA PERSONALIDAD
D.
Fernando Azor Lafarga, Co-director,
coordinador de la sección
Estamos acostumbrados a oír frases como “no
tiene personalidad” o “tiene doble personalidad”
para definir a las personas. Otras veces decimos de alguien
que es “un psicópata” o “una
histérica” cuando juzgamos la conducta de
los demás. Generalmente en estos casos uno se refiere
a la forma de ser de esas personas, que es como vulgarmente
se define la personalidad. Pero este concepto es más
complicado de lo que parece.
La personalidad podría decirse que es esa forma
de ser en la que incluiríamos los sentimientos,
los pensamientos y como no, la conducta, que se mantiene
más o menos estable en el tiempo y que llega a
definir a la persona. El desarrollo de la personalidad
se inicia desde la temprana infancia e intervienen diferentes
factores como pueden ser la biología, los modelos
que tenemos más cercanos, los límites educativos,
las situaciones más o menos traumáticas,
etc.
Es frecuente observar en niños muy pequeños
ciertos rasgos muy definidos que nos pueden dar pistas
de cómo puede ser en su futuro su personalidad,
pero en estas edades todavía es muy temprano para
hablar de que existe una personalidad marcada, sería
más correcto decir que se observan “rasgos”
de personalidad. Estos rasgos característicos pueden
ir desarrollándose hasta llegar a la etapa de la
adolescencia en donde decimos que se “cristaliza”
la personalidad, es decir, adquiere forma y consistencia.
A partir de entonces es difícil observar cambios
llamativos en la forma de ser salvo que éstos sean
provocados por alguna situación traumática.
Sin embargo, aunque es difícil que una persona
pueda cambiar su personalidad, sí es posible que
pueda modificar ciertos comportamientos o aprender nuevas
formas de actuar.
Dentro de los tipos más característicos
de personalidad podemos encontrar los obsesivos, los fóbico-evitativos,
los narcisistas, los histriónicos, los paranoicos
o los psicópatas. Es importante tener en cuenta
que todos podemos ser un poco obsesivos, un poco fóbicos…,
es decir, podemos presentar diferentes características
que definan nuestra formas de ser, sin llegar a presentar
un trastorno o patología. Sí es verdad que
en ocasiones ciertas características pueden hacer
a la persona más vulnerable ante diferentes situaciones
y favorecer la aparición de trastornos de ansiedad,
estados depresivos, etc.
Cuando estos rasgos de personalidad se hacen extremos
y condicionan toda la conducta de la persona provocando
dificultades en la adaptación social solemos hablar
de la existencia de un trastorno de personalidad. La persona
que sufre este tipo de trastorno generalmente no es conciente
del mismo, es decir, no considera que el problema esté
en su forma de ser, le gusta cómo es y tiende a
buscar otras explicaciones para sus problemas de adaptación
social como por ejemplo la mala suerte, un jefe insoportable,
etc.
En los próximos números, abordaremos los
más conocidos tipos de personalidad e intentaremos
profundizar en sus características.