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Sección:
Salud Mental en el Deporte

Los trastornos de la alimentación : una bomba de relojería para los deportistas (2ª Parte) Pilar Balcells Carnevali, Editora y Coordinadora sección Salud Mental en el deporte

Entre los deportes en los que existe mayor riesgo de presentar trastornos en la conducta alimentaria, encontramos fundamentalmente cuatro grupos:

  1. Deportes que establecen categorías de peso: boxeo, lucha, halterofilia.
  2. Deportes en los que un peso bajo resulta beneficioso para la mejora del rendimiento en la competición: remeros, piragüistas y jockeys.
  3. Deportes de resistencia: fondo, mediofondo y maratón.
  4. Deportes en los que un peso bajo resulta beneficioso para el desarrollo de los movimientos y que requieren buena presencia ante los jueces: ballet, gimnasia, patinaje artístico y aerobic.

Existen fundamentalmente tres posturas que intentan explicar el porqué de la incidencia de este tipo de trastornos en el deporte (Blasco, García-Merita y Balaguer, 1993):
Algunos autores atribuyen a la influencia de la presión social como factor responsable del desarrollo de los trastornos (Garfinkel y Garner, 1982; Garner y Garfinkel, 1980; Pérez, Rodríguez, Esteve, Larraburu, Font y Pons, 1992; Rosen y Hough, 1988).
Otros, defienden que los deportes que exigen un control de peso, son elegidos por aquellos individuos que poseen determinadas características de personalidad que los hacen ser susceptibles de desórdenes alimentarios (Eisler y le Grance, 1990; Leon, 1984).
La tercera postura, es la defendida por Epling, Pierce y Stefan (1983), quienes concluyen que para el caso de la anorexia nerviosa, existe un subtipo anoréxico denominado anorexia basada en la actividad o anorexia por hiperactividad. Plantean que el exceso de ejercicio físico puede provocar el inicio de la anorexia nerviosa. Sugieren que la actividad física y la ingesta de alimentos se relacionan recíprocamente; de tal manera que la disminución de la ingesta produce aumento de actividad, y ésta produce, a su vez, una disminución de la ingesta, y así sucesivamente.
En cualquier caso, las personas con trastornos de la conducta alimentaria suelen presentar una serie de alteraciones; dichas alteraciones tienen incidencia en aspectos de tipo físico, de tipo cognitivo, de tipo conductual y de tipo psicopatológico, que en ocasiones pueden ser los primeros signos que hacen sospechar la presencia del trastorno.
Los jóvenes y deportistas son  un grupo de alto riesgo para el desarrollo de los TCA.
Conocedores de que los deportistas son un grupo de riesgo frente a lo TCA, la formación y conocimiento en los signos  de detección y prevención de estos trastornos debería ser una premisa para padres y entrenadores. Para ello, el psicólogo deportivo puede trabajar paralelamente con ellos trasmitiéndoles las pautas higiénicas en lo que respecta a la conducta alimenticia, formando a los entrenadores de categorías base en  como enseñar estas pautas a los deportistas, en detectar las señales de alarma y en crear una cultura de prevención para dichas alteraciones.
Uno de los trabajos del  psicólogo deportivo con el entrenador, es hacerle ver la importancia de  trabajar con el deportista en las siguientes premisas:

  1. Ofrecer a los deportistas seguridad y claridad en cuanto a sus cualidades deportivas y físicas.
  2. Dar al deportista mensajes de que la participación deportiva es y debe ser congruente con la salud física y mental.
  3. Promover un cambio de pensamiento de los familiares y directivos deportivos frente al hecho de ganar a toda costa.
  4. Establecer y promover hábitos alimenticios saludables.
  5. Hacer énfasis en aspectos como la fuerza – resistencia y porcentaje muscular y no sobre el peso corporal.
  6. Orientar al deportista sobre conceptos erróneos referentes al peso, las dietas y el rendimiento deportivo.
  7. Ayudar a los jóvenes deportistas a aceptar el desarrollo y la maduración sexual.
  8. Realizar evaluaciones médicas nutricionales y psicológicas.
  9. Realizar evaluaciones previas a la participación, buscar cambios repentinos de peso, trastornos de la alimentación, irregularidades menstruales, estrés, síntomas depresivos, intensidad en el entrenamiento o cualquier otra conducta fuera de lo normal.
  10. Realizar charlas para estimular al deportista a discutir sobre los cambios en sus patrones alimentarios y las posibles consecuencias de los trastornos de la alimentación en la salud a corto y medio plazo.

Así mismo, el psicólogo deportivo debe formar al cuadro técnico en la detección de conductas que pueden ser signos de alarma ante un trastorno de la alimentación :

  • Comentarios frecuentes sobre su peso y forma física.
  • Disminución de la ingesta de alimentos.
  • Rechazo a comer con otras personas en viajes de competición.
  • Visitas frecuentes al baño después de las comidas.
  • Sesiones intensas de ejercicio físico fuera de los entrenamientos habituales.
  • Poca capacidad para relajarse.
  • Tendencias autocríticas elevadas.
  • Ansiedad anormal.

Por todo esto, es importante que el psicólogo deportivo llame la atención de los médicos, entrenadores y deportistas sobre este importante problema, con el objetivo de prevenirlo o iniciar el tratamiento lo antes posible.

Padres y entrenadores deben ser alertados sobre las graves consecuencias que tendría sobre la salud de sus hijos / deportistas, una pérdida exagerada de peso debida a una inadecuada alimentación.
Esa labor educativa, preventiva o correctiva debe ser tarea del psicólogo deportivo. Alertar al cuadro técnico de la importancia de este tipo de trastornos, así como mantener informados a los padres de los deportistas de la importancia de detectar y trasmitir cualquier síntoma.

El ejercicio regular y adecuadamente realizado aporta muchos beneficios para la salud. Todo comportamiento obsesivo es contraproducente para el bienestar, sea una persona con un ritmo de vida normal o un deportista de élite.