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Sección:
Educativa

QUERIDOS REYES MAGOS....
Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

Estas fiestas podemos intentar descubrir algunos de los pequeños grandes regalos que podrían hacer felices a nuestros hijos e hijas. No todo está en lo material, ni en lo inmediato, se trata de encontrar aquello que realmente contribuirá a hacerles grandes personas.

Con qué ilusión escriben los niños y niñas sus cartas  a los Reyes Magos, esperando que cumplan sus mayores deseos e ilusiones, si supieran que detrás de ellos están sus padres... ¿o no?
En fin, sea como fuere, hoy me gustaría escribir una carta a los padres y madres que siguen nuestra revista, que buscan “regalar” a sus hijos no sólo los juguetes más atractivos de la televisión, sino una vida feliz a largo plazo, un desarrollo adecuado, unos valores y unos cimientos fuertes en los que basar su vida adulta.
No podemos, aunque ya nos gustaría, evitarles todo el dolor y el sufrimiento que les llegará, pero lo que sí podemos hacer es prepararles para afrontarlo, no podemos impedir que “llueva”, pero podemos dotarles de un paraguas adecuado que les resguarde bien del agua, que les proteja de ella.
Así pues,
“Queridos papá y mamá:
Me gustaría que este año me trajerais más tiempo para pasar juntos, para interesaros por mi música preferida, por mis juegos, por mis preocupaciones. Me gustaría encontrar tiempo para el diálogo y la comunicación. Me gustaría que pudiéramos cenar juntos, jugar en familia. Sé que este regalo es difícil de encontrar, me han dicho que el tiempo es uno de los regalos más caros, pero yo confío en vosotros.
También me gustaría que me pusierais límites, que no me permitierais hacer siempre lo que quiero, salirme con la mía. Necesito horarios, normas, refuerzos, castigos. Eso
aunque a priori parece que es lo que deseo, me hace sentir que no os importo, que lo mío os da igual, que con tal de no oírme preferís dejarme hacer.
Me hace creer que en el futuro podrá ser igual y me han dicho que eso luego se paga caro, que hará que me cueste aceptar las normas sociales, mis “fracasos”, y entonces ¿qué haré?
Me gustaría que me permitierais equivocarme, y sufrir las consecuencias de mis errores, que no me protegierais tanto. Ello me ayudaría a madurar, a hacerme responsable, a ser más independiente. No me excuséis tanto, no tapéis mis fallos, es importante que sienta que los demás me aceptan como soy y yo aprenda también a quererme así. Si no hice los deberes u olvidé los libros, no digáis que estuve enfermo para evitar que me castiguen, si perdí un abrigo no me compréis otro al día siguiente como si nada, porque las cosas empezarán a perder su valor...
Me gustaría que me trajerais valor para enfrentarme a mis miedos, que sea yo quien de soluciones a los enfados con mis compañeros, quien “discuta” una nota, que no vi justa, con mi profesor, preguntarle mis dudas o exponer un tema en público; ser yo quien afronte el miedo a dormir con la luz apagada o quedarme sola a ratitos en casa. Los miedos crecen si no los hago frente, y cada vez me resultarán más difíciles de vencer.
Si me he portado bien, también me gustaría que me lo reconocierais, me gustaría sentirme valorado, querido, que premiarais mi esfuerzo no sólo mi resultado, mi evolución no sólo mi éxito. Así si tras estudiar y esforzarme suspendo dos  en lugar de cuatro, si sobresalgo en deporte o en pintura y no en matemáticas, necesitaría sentir que eso también es importante, que también os gusta.
El último regalo os resultará algo extraño pues en ocasiones es aquel que vosotros deseasteis en vuestra infancia y os costó tener, por eso ahora le dais tanto valor, pero para mí es uno de los más importantes. Están a punto de descatalogarlo porque no tuvo mucho éxito, ya que socialmente tampoco está bien visto. Se trata de que no me apuntéis a todos los cursos que me harán ser el “más exitoso”, o que no me compréis todos los últimos videojuegos, las zapatillas de marca o la mochila de moda del vecino, no me deis todos los caprichos por favor. Ello me hará perder la ilusión y la motivación en poco tiempo. Sentiré que todo está  a mi alcance o peor, que todo está al alcance de mi bolsillo. Y entonces, si llega el caso, ¿cómo toleraré el malestar que me puede producir una ruptura o rechazo sentimental? y ¿un despido laboral?, ¿cómo haré frente a la frustración que me producirá no poder cambiar de coche o comprarme una casa mayor?.
Permitirme sentir aburrimiento, no pasa nada por no tener ocupado todo mi tiempo con excitantes actividades o juegos electrónicos, permitirme salir una tarde a dar un paseo mientras charlamos simplemente, sin necesidad de ver la última película o probar el novedoso happy meal de la esquina. Podré soportarlo, ¿y vosotros?
No me extraña que os llamen “reyes” ni “magos”, pues realmente lo sois, por eso no dudo de que podréis traerme todo lo que os pido, que aunque costoso y difícil de conseguir me hará una persona feliz. Como también quiero aprender a ser más paciente y a saber esperar, no hace falta que venga todo de golpe, me lo podéis ir trayendo poco a poco, y así lo iré disfrutando mucho más.
Gracias por todo”
¡Felices Fiestas!