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Sección:
Educativa


BULLYNG: PREVENCIÓN Y DETECCIÓN (I)

El “Bullyng” (acoso y agresión en el aula), un problema que ha existido siempre, es ahora, por la repercusión y denuncia social a través de los medios de comunicación, una de las principales preocupaciones sociales y educativas dada de la gravedad e incidencia del mismo.
La manera de actuar y el estilo educativo de padres y educadores son primordiales tanto en la prevención como en la detección precoz y freno de dicho fenómeno.

Según el estudio Cisneros sobre violencia y acoso escolar, uno de cada cuatro escolares madrileños entre 7 y 18 años se ve afectado por dicho fenómeno, sufriendo ansiedad, baja autoestima, miedo y depresión como consecuencia del acoso y/o agresión que ejerce sobre él otro compañero en el ámbito escolar. Como consecuencia el riesgo de suicidios está creciendo, estimándose que un 15% de los acosados tiene ideas autolesivas recurrentes.
Estas agresiones son en su mayoría de carácter psicológico, en forma de insultos, amenazas verbales, desprecios, ridiculizaciones, exclusión… pero pueden ir acompañadas de violencia física: patadas, golpes,…

¿Cómo se puede prevenir la aparición del bullyng? ¿Qué puedo hacer yo para evitar que mi hijo sea víctima o actor de este tipo de agresión?

La prevención llegará desde la educación.

Una educación autoritaria, en la que se tiende a dirigir las actividades de los hijos, las decisiones familiares son impuestas por el cabeza de familia, se vale de mandatos (“esto es como lo digo yo”, yo tengo siempre la razón” “esto lo debes hacer así”) y críticas destructivas (“eres un inútil”) en lugar de una comunicación positiva, genera en los niños reacciones y comportamientos opuestos, que se ajustarían a los perfiles de los chicos implicados en el bullyng
? De dependencia respecto de la persona con autoridad, anulando poco a poco su personalidad y generando en ellos un pobre concepto de sí mismos, una baja autoestima, que le dificultará en el futuro la toma de decisiones y el cuestionamiento de la autoridad (perfil de la víctima)
? Por el contrario puede generar en el niño reacciones agresivas, aprendidas del comportamiento de sus progenitores o como reacción y enfrentamiento a ellos (perfil del agresor)

Así mismo una educación sobreprotectora, en la que los padres “hacen por” los hijos, les evitan sufrimiento ( “ya tendrá tiempo de sufrir, bastante dura fue la vida para nosotros..”), ocultan y disculpan sus errores (“el no ha podido ser” “ yo te pongo una nota diciendo no has podido hacerlo..), esconden sus debilidades, les inculcan que ellos no poseen recursos para hacer frente y solventar sus problemas y necesitan de ellos en todo momento, les colman de caprichos y mimos, les hace sentir que la causa de todos sus problemas siempre viene de fuera y es ajena a ellos, puede provocar:
? Dificultades en las relaciones con sus iguales al creerse con todos los derechos, al pensar que son los demás los que les provocan. La sociedad está a su servicio, el mundo entero le debe todo (perfil del agresor)
? Timidez, angustia, inseguridad. Mejor someterse a los deseos de los demás, pues ellos no “valen nada”, están desvalidos (perfil de la víctima.)

Una educación sin límites, sin objetivos educativos claros, inconsistentes a la hora de sancionar o recompensar un comportamiento crea mucha confusión
? La formación de una moral clara que guíe el comportamiento de los niños, se vuelve imposible. El niño no sabe qué puede o no hacer y qué consecuencias tendrá el hacerlo, pues ha aprendido que no depende de él, ni de su comportamiento sino que es el humor o cansancio de sus padres o educadores el que decide. Se muestran por tanto inseguros, nerviosos, miedosos (perfil del agredido) o transgresores, oposicionistas, agresivos (perfil del agresor)

Una educación delegada en el colegio, los abuelos, cuidadores, el cónyuge…, en la que se conoce poco al hijo, se tiene poco tiempo para explorar sus gustos, aficiones, cualidades, defectos, en la que a penas hay diálogo, lleva a los niños a
? Retraimiento y aislamiento familiar y social, con dificultades de comunicación y un gran sentimiento de soledad y culpabilidad ante el déficit de atención y cariño de sus padres (“No les interesa mi vida” “nadie me quiere” “intento complacer en todo”)( perfil de la víctima)
? Buscar la atención de manera inadecuada o castigar por el abandono ( “sólo transgrediendo la norma se fijarán en mí” “¡se van a enterar….!) (perfil del agresor)

Por el contrario, una educación no violenta, basada en el respeto y la tolerancia, fomentando modelos de resolución de conflictos eficaz desde el diálogo, la negociación y la no agresión o la imposición por la fuerza de opiniones, gustos y normas.
Una educación responsable, en la que haya una comunicación fluida, interés y apoyo activo a los hijos, una motivación adecuada para que hagan frente a sus obligaciones y sean capaces de tomar decisiones aceptando las consecuencias de las mismas, en la que se den alternativas de actuación.
Una educación basada en el reconocimiento de los logros y la sanción de los errores de forma consistente, ayudará a formar

? Niños con una autoestima fuerte, seguros de ellos mismos, conociendo sus capacidades y limitaciones lo que le llevará a actuar en consecuencia.
? Niños capaces de expresar sus emociones, sus miedos, de defender sus “derechos” pese a la presión del grupo y respetar los de los demás, asertivos, autónomos.
? Niños sociables que respetan y acatan las normas.
? Niños en definitiva que no necesitarán dañar ni agredir a otros para conseguir sus objetivos y niños que se defenderán de las agresiones y presiones externas, acudiendo sin miedos a las figuras de autoridad cuando lo vean necesario.
Esta manera de educar supondrá una fuente importante de prevención de este mal escolar que invade hoy las aulas.

Lorena López Muñoz
Editoar y Coordinadora de la sección de Educativa