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Sección:
Educativa

CO-EDUCACIÓN FAMILIAR
Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

Se sigue poniendo de relieve que la violencia va en aumento sobre todo en el ámbito familiar, lo que hace crecer la contradicción que se da entre el incremento de dicha violencia, principalmente hacia las mujeres y colectivos más desfavorecidos, y el aumento de la formación y preparación académica a nivel social. Por tanto hay que seguir buscando y analizando las posibles causas que no terminan de ser erradicadas, para el control de la violencia: ¿qué podemos hacer desde la educación en familia?

¿Pedimos lo mismo de nuestros hijos e hijas? ¿Sus funciones en el seno de la familia son las mismas?¿qué modelos en el seno familiar están percibiendo ellos y ellas?¿cómo buscar una igualdad respetando la diversidad?
Hablar de coeducación , educación igualitaria entre sexos, no es hablar de una educación estándar, ajena a las diferencias individuales. Está claro que, en esencia, ningún individuo es igual a otro, cada uno de nuestros hijos e hijas, tiene una capacidad, unas cualidades y potenciales diferentes y en función de ellas requieren un tipo de directrices educativas distintas, pero nunca en función del sexo.
Aunque existen principios básicos en la base de nuestros comportamientos, en la formación de nuestra “personalidad”, es importante partir de las diferencias individuales para intentar adecuar esos principios a cada persona. La frase que escuchamos con frecuencia “los he educado igual y mira lo diferentes que han salido” ya parte del error de obviar las diferencias y necesidades particulares, para intentar implantar una educación “tipo” que se aleja de una educación óptima.

La formación de principios, valores y roles como base educativa, comienza en la primera infancia, por ello es la familia el principal agente de transmisión de los mismos, ya sea a través de la dirección que vamos ejerciendo sobre el comportamiento de nuestros hijos e hijas, de lo que van aprendiendo con su propia experiencia, ya sea a través de lo que aprenden por observación del comportamiento de sus progenitores.

Hacia dónde les dirigimos:

Como ya hemos comentado anteriormente, es en la familia, como primer ámbito de socialización, donde el individuo adquiere el rol que desempeñará en el futuro y que contribuirá en la formación de su autoconcepto, de su autoestima.
Si pedimos que sean nuestras hijas las que se ocupen de las tareas familiares, del cuidado de nuestros mayores, de la realización de las tareas domésticas, basando en ello su valía personal, su feminidad; si las transmitimos la importancia del cuidado de su aspecto físico como único pilar de su autoestima; si apuntamos a nuestros hijos a judo, a fútbol, les compramos pistolas, espadas, coches, y a nuestras hijas las apuntamos a ballet, a gimnasia rítmica y las compramos barbies, cocinitas y accesorios de limpieza; si no permitimos que ambos lleguen a la misma hora, manejen igual cantidad de dinero, puedan acceder a los mismos trabajos remunerados para ir adquiriendo “independencia” económico, estaremos contribuyendo a instaurar roles diferenciados que fomentan la desigualdad.

Se hace básico en este sentido, hacer propuestas abiertas, dejar que ellos y ellas elijan aficiones, alentar por igual la independencia, involucrar a toda la familia en las tareas domésticas, buscando la cooperación y la responsabilidad conjunta. Educar con valores menos tradicionales, si estos suponen educar a la mujer para que renuncien a ejercer una profesión por quedarse en casa, haciéndoles sentir que esa es la mejor y única manera de realizarse y encontrar felicidad…

Modelos familiares, identificación de roles:

¿Cómo se distribuye en casa el espacio: salón, cocina, despacho, baño…?¿ocupa la mujer los mismos lugares y el mismo tiempo que el hombre?¿quién utiliza el coche familiar?¿quién se encarga de la compra, las tareas domésticas, los deberes y demás cuestiones escolares?¿quién lleva a los niños al hospital o se ocupa de las reuniones y eventos escolares?¿quién sale más a los espacios públicos como bares, parques…?

Todavía en muchas familias es la mujer la que acude al trabajo en transporte público o en el coche “auxiliar”, la que acude sola a las reuniones o funciones del colegio, la que se encarga de la salud de sus hijos/as; el hombre es el que lleva el coche al taller, pasa más tiempo al ordenador o sale con más frecuencia a tomar una cerveza con los amigos o después del trabajo.
Los niños y las niñas son el reflejo de sus progenitores, ya que ellos son su modelo, por tanto un ambiente familiar cargado de sexismo, en el que pese a la aparente igualdad, los espacios, los tiempos, las áreas en las que nos implicamos son desiguales, están favoreciendo la transmisión de esteriotipos que siguen limitando a la mujer al ámbito doméstico, sobrecargada en sus funciones, dedicada, ella exclusivamente, a la educación de sus hijos/as, y al servicio por entero de los demás, confiriendo al hombre un “poder” de elección y decisión mayor, que en muchos casos impone y ejerce por la fuerza, y que se transmite indirectamente y en muchos casos a los hijos e hijas para conseguir sus objetivos.
En este sentido se hace imprescindible cuidar nuestra manera de actuar, es importante “predicar con el ejemplo” y empezar a buscar igualdad en nuestras relaciones, en nuestra vida personal, familiar, de pareja, defendiendo unos derechos igualitarios, una participación y toma de decisiones equilibrada tanto en la vida privada (en el ámbito doméstico) como en la pública (fuera del mismo), que impida que nuestros hijos e hijas puedan pensar que es posible dominar a una persona, anularla, controlarla, exigirla y menos a través de la violencia.


 

 

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