CO-EDUCAR
DESDE LA ESCUELA
Lorena López Muñoz, Editora
y Coordinadora de la sección de Educativa
Co-educar
desde la escuela se hace imprescindible para interrumpir
la cadena de transmisión de actitudes y comportamientos
que siguen confiriendo a lo masculino valores y reconocimientos
sociales superiores a lo femenino, confiriéndole
un valor y una representatividad social mayor que lo femenino,
dando a unas personas un “poder” y una superioridad
sobre otras, que les lleva a querer ejercerla por la fuerza.
El colegio, como
principal fuente de formación y socialización,
junto a la familia, desempaña también un papel
fundamental en la transmisión de valores y actitudes,
y por tanto en la perpetuación o no de esteriotipos
y roles en función del sexo, que como hemos visto
ayudan a mantener la violencia hacia las personas que se
perciben como más débiles como las mujeres
y menores.
La propia estructura
escolar (la dirección, conserjes, personal de limpieza,
plantilla de profesorado, alumnado), lo que dicen y hacen
los profesores y profesoras, la manera de hablar, relacionarse
y transmitir lo que esperan de los alumnos y alumnas, actúa
como modelo en el reparto de responsabilidades, desempeño
de funciones etc. que los niños y niñas van
interiorizando.
¿Qué
se puede hacer?
- Orientar profesionalmente
mostrando el amplio abanico de posibilidades de inserción
laboral independientemente del sexo, informando de los diferentes
itinerarios educativos, a través de charlas, coloquios,
actividades en le centro…
- Evitar socializar los sentimientos según el modelo
tradicional: “Llorar es de nenas”, “deberías
echarte novia”, “todas las mujeres te quieren
cazar”, “no seas calzonazos”…
- Facilitar que cada uno descubra sus potencialidades, sus
habilidades personales y busque una salida profesional que
les permita desarrollarlas, y no dejarse llevar por lo que
socialmente se espera de ellos y ellas.
- Fomentar actividades, representaciones, juegos en los
que se reflejen actitudes, trabajos, valores que tradicionalmente
se han ligado a un solo sexo, ahora compartiéndose.
- Cuidar el lenguaje, hacer un uso del mismo que visualice
a la mujer: formas femeninas de oficios y profesiones, utilizar
términos que incluyan a ambos sexos cuando sea posible
(la dirección, personas, estudiantes…)
- Cuidar los valores y actitudes que el profesorado, como
modelo, transmite en el aula a través de sus explicaciones,
exposiciones, maneras de evaluar, de hacer participar etc.
- Mostrar los aportes culturales que la mujer ha hecho a
lo largo de la historia, y reflejarlo en los contenidos
escolares transmitidos a través de los libros de
texto, cuidando a su vez el lenguaje, las ilustraciones
etc.
- Mantener vínculos y entrevistas con las familias
de los alumnos, animando a participar la madre y el padre
por igual.
- Asegurar la formación de conocimientos y actitudes
del profesorado en materia de género, para fomentar
la coeducación.
- Incorporar al programa de enseñanza el aprendizaje
de habilidades para el trabajo doméstico, teniendo
un peso importante en el mismo
- Cuidar el material con el que se educa en la escuela,
para que no siga transmitiendo modelos esteriotipados: cuentos
y películas con héroes masculinos y desvalidas
princesas femeninas, o juegos y juguetes diferentes en función
del sexo…
- Potenciar y fomentar la participación del profesorado,
alumnado y padres y madres en los órganos de gestión
y dirección, con criterios de paridad entre los sexos
- Fomentar un clima favorable de comunicación donde
cada persona se sienta libre de expresar sus opiniones libremente.
La familia y la escuela
están dentro de todo un entorno social, responsable
también de los modelos de comportamiento transmitidos
a los niños y niñas, y por tanto con un papel
importante en la prevención de tanta violencia que
criticamos y que vemos tan alejada de nuestro entorno.
La publicidad, series de televisión, películas,
revistas infantiles y juveniles… que en muchas ocasiones
están cargadas de mensajes sexistas, actúan
como referentes estéticos, éticos, morales,
influyen en la concepción que niños y niñas,
adolescentes y jóvenes generan acerca de lo que “deberían”
ser las relaciones entre hombres y mujeres, progenitores
e hijos, y de ello dependerá lo que ellos esperen
y pidan de sus futuras relaciones, generando falsas expectativas,
que buscarán e incluso exigirán a toda costa,
para eliminar la frustración que les genera no alcanzarlas.
Así pues,
vemos como la erradicación de la violencia hacia
las minorías y hacia los que son percibidos como
más débiles, depende en gran medida de nuestras
pequeñas actuaciones desde el ámbito de la
sociedad en el que nos encontremos: familia, escuela, trabajo,
y por ello es tarea de todos y todas poner un granito de
arena para tener una sociedad en igualdad alejada de relaciones
de poder basadas en la raza o en el sexo, que justifique
cualquier tipo de violencia.