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Sección:
Educativa

“TRUCOS” PARA MEJORAR EL RENDIMIENTO ESCOLAR DE NUESTROS HIJOS
Lorena López Muñoz Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

De acuerdo con los test de inteligencia, los niños son cada vez más listos. No obstante, muchos educadores coinciden en afirmar que el bajo rendimiento es el problema más serio con el que se enfrentan actualmente los colegios, afectando a casi uno de cada cuatro niños.

Las causas pueden ser muy diversas y no sólo se encuentran en la capacidad del niño. Es el ambiente que les rodea, en muchas ocasiones, un factor que influye en el fracaso escolar.
Determinar el origen del bajo rendimiento y enriquecer el ambiente familiar resulta fundamental para mejorar los resultados escolares. La implicación y actuación de los padres puede un factor clave en la optimización de los mismos.

El bajo rendimiento puede asumir diferentes formas: malos resultados en todas las asignatura o en una en particular, problemas específicos de aprendizaje, dificultades emocionales que interfieren en su educación, o simplemente rechazo a acudir al colegio, algunos niños no ven la importancia de acudir al colegio y lo sienten como una obligación.

Esta diversidad de manifestaciones del bajo rendimiento nos puede llevar también a equivocarnos al buscar la causa del mismo, atribuyéndolo en muchas ocasiones a un problema de aprendizaje del niño cuando este no existe en realidad.

Algunos de los factores que pueden estar influyendo en los niños para que no desarrollen todo su potencial intelectual, pueden ser:

Acontecimientos familiares conflictivos: cambio de colegio o de domicilio, divorcio, una enfermedad grave de un familiar
Una educación permisiva, en la que los padres esperan poco de sus hijos o justifican sus errores o “fracasos” buscando la causa en el exterior: la profesora, la materia, los libros, la dificultad…
El temperamento impulsivo, que lleva a los niños a actuar antes de pensar, a no ser capaces de “resistir la tentación” ante las dificultades que puedan surgir o necesitar una recompensa inmediata, sin tener la capacidad para demorarla… Falta de capacidad intelectual o déficit en su desarrollo cognitivo. Dificultades de organización, falta de adecuadas técnicas de estudio.

Como vemos no existe una única teoría que explique el bajo rendimiento escolar, por el contrario habrá tantas como niños con esta dificultad haya, por lo que se hace necesario un estudio de cada caso particular, evitando generalizaciones.
También es cierto que las posibles causas no sólo se encuentran en la capacidad o desarrollo del niño, sino en el ambiente que le rodea.

Así podemos encontrar algunos “trucos” o formas de prevenir o de ayudar a desarrollar aptitudes que enriquezcan el aprendizaje y el rendimiento escolar de nuestros hijos. Entre ellas:

Recompensar mediante el elogio o el reconocimiento los esfuerzos de los niños, no sólo el resultado final, adecuando las metas y nuestras expectativas a sus capacidades
Cuidar el exceso de recompensas materiales haciéndolas depender de las consecuciones del niño. Si somos demasiado indulgentes, podría interferir en la motivación interna del mismo llevándole a actuar exclusivamente por la recompensa esperada y perdiendo la auto recompensa de la satisfacción del “trabajo bien hecho”. Enseñarle la autodisciplina estableciendo límites precisos y expectativas claras, guiándoles en sus tareas escolares no haciéndoselas, supervisando no controlando; si hacen sus deberes porque estamos ahí, en nuestra ausencia se negarán a hacerlos, porque la recompensa para él será nuestra compañía, nuestra atención, no el trabajo que él es capaz de realizar por sí mismo. Fomentar la pasión por el aprendizaje mostrando interés por sus trabajos, ofreciéndole nueva información, acudiendo con él a la biblioteca, visitando museos, navegando por internet, siempre adaptándonos a su capacidad de aprendizaje.
Enseñarles a tolerar la frustración, el fracaso, a través de nuestro ejemplo y ayudándole a que lo vea como una oportunidad para crecer, para mejorar, tomando conciencia de la causa, creando y planificando posibles soluciones que le puedan ayudar en el futuro a no cometer el mismo fallo.
Ayudarles a desarrollar motivación y autocontrol, que les permitirá resistirse a los impulsos internos y a las tentaciones externas, siendo capaces de retrasar la gratificación y frustrándose con mayor dificultad.

Una de las formas más efectivas para enseña el autocontrol y la automotivación es enseñar a los niños a descomponer una tarea en pequeños pasos que sean fáciles de realizar y a que se enorgullezcan de ser capaces de realizar cada uno de dichos pasos. Los niños con bajo rendimiento pueden agobiarse y desalentarse rápidamente frente a una tarea, aplazándola continuamente e incluso no realizándola.

Otra forma de aumentar la motivación interna es enseñar a los niños a evaluar su actuación y sus progresos. Usted puede solicitar a su hijo que califique su trabajo, su rendimiento en una escala del 1 al 10, evaluando a qué es debida esa puntuación, qué contribuyó a la misma, en que puede felicitarse y qué debe mejorar.

Para ayudar a la concentración y al rendimiento podemos recurrir a los autodiálogos internos. El hablar con nosotros mismos nos ayuda a dirigir la acción y nos motiva en su realización. Así ayude a su hijo a inventar una frase que le sea útil cuando se sienta cansado o frustrado, a repetirla primero en voz alta varias veces y luego mentalmente, por ejemplo “puedo hacerlo solo, ánimo, puedo hacerlo solo, ánimo…”, cuéntele como muchos deportistas triunfadores, incluso usted mismo, utiliza esta técnica para motivarse y olvidar el desánimo, el cansancio, el aburrimiento y así conseguir los mejores resultados. Ayudar a su hijo a organizarse es otra manera de optimizar su rendimiento. Puede elaborar con él una lista de las tareas que debe hacer, priorizando, clasificándolas por importancia, y a que luego las lleve a cabo. Esto le enseñará a autocalificarse y evitar postergar sus trabajos.

Como vemos el rendimiento escolar no depende exclusivamente de la capacidad intelectual de nuestros hijos. Los padres tenemos un papel activo en el desarrollo del mismo y podemos ayudarles a hacer frente a las dificultades escolares. Es importante que conozcamos la o las causas que pueden estar interfiriendo en las mismas para darles solución. ¡Impliquémonos!