RESOLUCIÓN
DE CONFLICTOS EN EL ÁMBITO FAMILAR
Lorena López Muñoz, Psicóloga. Editora
y Coordinadora de la sección de Educativa
Los
conflictos forman parte inevitable de toda relación
humana, dada la existencia de diferencias individuales,
puntos de vista diferentes, objetivos e intereses distintos...
En el seno familiar, en cuanto grupo social, las diferencias
también generan desencuentros, que sin una gestión
adecuada pueden originar verdaderas crisis.
Vamos a intentar superar la connotación negativa
de este término para poder convertirnos en buenos
gestionadores de conflictos y no evitadores de los mismos
y así sacar el mayor partido a nuestras relaciones
interpersonales.
Los
conflictos no son necesariamente sinónimo de pérdida,
enemistad, violencia, amenaza, desde este punto de vista
es normal que en nuestro día a día intentemos
pasar alejados de los conflictos e incluso los queramos
esquivar, pero ¿no es cierto que evitándolos
no conseguimos más que un aplazamiento momentáneo,
que aunque logra eliminar nuestro malestar inmediato lo
agrava en el futuro?
El
conflicto puede estimular el cambio y el crecimiento o el
desarrollo personal, puede plantearnos retos, motivarnos
al cambio, puede despertar curiosidad y creatividad, puede
profundizar relaciones por abordar temas difíciles,
pero importantes. Puede ser en definitiva un medio que nos
haga crecer individualmente y socialmente si sabemos gestionarlo,
por ello una adecuada resolución de los conflictos
en el ámbito familiar, no sólo permitirá
mantener un clima adecuado y de confianza entre sus miembros,
sino que permitirá aprender al niño/a maneras
de afrontar dificultades futuras, que le harán madurar
y crecer seguro.
Es
cierto que si no se gestiona positivamente puede generar
violencia entre los participantes, y que la incertidumbre
hasta su resolución puede generar estrés y
miedo que puede llegar a bloquear a la persona que se siente
amenazada y por tanto a romper las relaciones si la catarsis
no se gestiona positivamente. Por ello es de gran importancia
adquirir habilidades para su correcto manejo.
Podemos distinguir fundamentalmente cuatro actitudes a la
hora de afrontar el conflicto:
•
El modelo del más fuerte o competidor:
“lo haremos a mi manera”, intenta imponer al
otro su opinión, su manera de ver las cosas. Este
estilo genera a la larga depresión y una baja autoestima
en el otro, y una “obediencia” ejercida sólo
ante la presencia del “autoritario”, lo que
no lleva a un éxito real.
• El evitador: busca evitar el estallido,
la expresión abierta del conflicto. Prefiere huir,
escapar del conflicto, pero a la alarga sólo consigue
el deterioro de la relación, que nunca ve resueltas
sus diferencias y explosiones aisladas de ira fruto de la
frustración de no poder defender opiniones, gustos,
derechos...
• El modelo “de la tirita” o del
”acomodaticio”: busca una solución
rápida para salir del paso y no perder la relación,
en el fondo es otro tipo de evitación, aparentemente
hago frente al conflicto pero no es más que una cesión
que obvia mis intereses reales, “vale, lo que tu digas”,
consiente, se convence de que no es importante para poder
tolerar, pero a la larga impide su crecimiento y puede llegar
a generar dependencia de los demás y frustración.
•
El modelo del ”colaborador”,
se muestra interesado tanto en salvar sus intereses como
en salvar la relación, intentando buscar una solución
mutuamente beneficiosa “los dos podemos ganar, yo
quiero...dime tú lo que te interesa”, examina
junto a los otros los pros y los contras de los distintos
puntos de vista para intentar complacer a todos. En extremo
puede paralizarse la toma de decisiones por un excesivo
análisis, pero es la más adecuada. Es importante
poner límites y llegar a soluciones.
Estos modelos pueden tener su paralelismo en tres estilos
educativos diferentes (Musitu y Gutiérrez, 1984).
-
Inductivo:
centrado en el razonamiento y la comprensión
-
Coercitivo: centrado en la fuerza física
o verbal
-
Estilo negligente: centrado en la permisividad
o la dejadez.
Estilos
que, como ya vimos por ejemplo en el caso del acoso escolar,
influyen notablemente en la formación de actitudes,
características, comportamientos y autoestima de
nuestros hijos/as, y por tanto determinan su desarrollo.
Así
pues, parece claro que los déficit de habilidades
de los miembros de una familia para resolver sus conflictos
y problemas pueden ser una fuente importante de desorden
en la misma. Una estrategia democrática de solución
de problemas donde todos los miembros aporten posibles cauces
para solventar los conflictos, teniéndose en cuenta
las diversas opiniones, es muy positiva para toda la unidad
familiar, pues no sólo se obtienen un mayor número
de soluciones alternativas sino que todos los miembros se
sienten implicados sin que medie ninguna imposición
autoritaria, lo que aumenta la probabilidad de cumplimiento
por todas las partes y genera una satisfacción mayor.
Los
posibles pasos a seguir al establecer en
común la estrategia de solución son:
-
Dialogar entre todos hasta llegar a una definición
descriptiva, lo más concreta posible y consensuada
del problema. Ello permitirá una búsqueda
de soluciones concretas y evaluables por todos, y no sujetas
a interpretaciones o valoraciones que aumentarían
el conflicto
- Confeccionar un amplio listado de posibles soluciones
sin que medie un juicio sobre la bondad o dificultad de
cada una. En ocasiones el centrarnos sólo en una
o dos alternativas impide considerar soluciones creativas,
y nos lleva a entrar en un pensamiento circular del que
es difícil salir.
Se debe aprender a proponer soluciones positivas y no a
usar la crítica como arma destructiva
- Evaluar cada solución de las aportadas, puntuándolas
de 0-10 en función de los costes y beneficios que
nos supondrían, y seleccionar aquellas que entre
todos se consideren como las más viables.
- Planificar los pasos que cada miembro de la familia debe
dar para alcanzarla, concretando fecha, lugar, medios necesarios...
- Final mente evaluar los resultados, los éxitos
parciales o totales, volviendo a repetir el proceso en caso
necesario, analizando las dificultades que han impedido
llegar a los objetivos establecidos.
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