VIOLENCIA
FAMILIAR: LA IMPORTANCIA DE EDUCAR EN IGUALDAD
Lorena López Muñoz, Editora
y Coordinadora de la sección de Educativa
La educación
es el mejor y más accesible recurso a nuestra disposición
para atajar las desigualdades sociales que contribuyen a
la violencia de género y familiar, eliminando el
sexismo en la educación de nuestros hijos/as y en
el ámbito escolar y promoviendo una verdadera coeducación,
podemos contribuir a la desaparición de esta violencia.
De nuevo en las noticias nos alarman por la cantidad de
violencia física y psicológica, ya no sólo
en el ámbito escolar, sino en el seno mismo de las
familias, ya sea entre las parejas, lo que se ha llamado
la violencia de género (sólo en este año
ya son 55 las víctimas), o incluso entre los hijos
y sus progenitores, principalmente hacia la figura materna
(menores y adolescentes que los pegan, insultan, amenazan
e intimidan).
Hoy me gustaría empezar a abordar la importancia
de una educación en igualdad entre hombres y mujeres,
de coeducar, tanto desde la escuela como desde la familia,
como uno de los pilares más importantes para atajar
esta violencia. Y como siempre, el primer paso es la detección
de la existencia de la desigualdad, la concienciación
de que estamos tomando parte en la permanencia de la misma,
inconscientemente en la mayoría de las ocasiones,
ya que si ni siquiera nos damos cuenta no podremos ver la
necesidad de trabajar en este sentido.
Todas las personas tienen derecho a ser educadas en igualdad,
independientemente de la raza, religión, ideología
o el sexo y ya desde nuestro nacimiento, la familia y posteriormente
la escuela están implicados en la adquisición
y educación en valores de respeto y tolerancia a
la diversidad, para que podamos convivir con ese derecho.
Pese a que la manera de discriminación en nuestra
sociedad en ocasiones es muy sutil, pues no existen en apariencia
grandes desigualdades, la mujer “ya” se ha incorporado
al mundo laboral, el hombre “colabora” en las
tareas domésticas, los colegios son mixtos, los niños
pueden aprender ballet y las niñas jugar al fútbol
en el recreo..., es un hecho constatado que la mujer sigue
teniendo salarios más precarios, oportunidades laborales
más limitadas, exigencias y espacios sociales distintos
a las del hombre, etc.
El “género” entendido como el conjunto
de normas y comportamientos diferenciales en función
del sexo, es decir lo que es o no apropiado, el papel que
la sociedad espera de la persona en función de su
sexo, se adquiere con prontitud y determina y condiciona
a la persona. Tanto desde la escuela como desde el entorno
familiar, se transmiten esteriotipos de género de
forma inconsciente en muchas ocasiones, a través
del lenguaje, canciones (“ así planchaba así
así...”) y cuentos populares (de princesas
frágiles que esperan ser salvadas o amadas por un
apuesto y fuerte príncipe), o de la elección
de juegos y juguetes (pistolas y espadas para los niños
y muñecas y cocinitas para las niñas), colores,
formas de vestir (lazos y rosa para niñas, azul para
los niños) y por su puesto a través de la
transmisión de valores: favoreciendo en los niños,
la competitividad (“tienes que ser el mejor”
“no te dejes pegar por una chica”...), la agresividad
(“pégale más fuerte”), la represión
de emociones (“los niños no lloran”)
etc. censurando la aparición de comportamientos relacionados
con la limpieza, el orden o cualquier actitud o característica
ligada a la sensibilidad, a las manifestaciones afectivas,
que le pudieran acercar a la feminidad. En cambio en las
niñas se potencia la aparición de cualidades
que impliquen sensibilidad y ternura, como la escucha, la
comprensión, el servicio, el cuidado de los demás,
la sumisión, la dependencia, etc.
Estos estereotipos también se transmiten a través
de los medios de comunicación (publicidad, concursos,
series...) de la cultura (cine, teatro, literatura, etc.).
Todos estos “pequeños detalles” que muchos
consideran como exagerados y sin valor en la educación
de sus hijos e hijas van a influir fuertemente en su desarrollo
integral: intelectual (elección del futuro profesional,
aspiraciones, desarrollo de la inteligencia en función
de las oportunidades y estimulación adecuadas...)
comportamental ( su manera de relacionarse, de hablar, de
actuar), y afectivo (autoestima adecuada, desarrollo de
las habilidades sociales, expresión de emociones,
equilibrio emocional...), y por tanto en la contribución
a la existencia de la violencia como forma de control y
manipulación para obtener lo que deseamos del que
valoramos como más débil y sumiso ya que se
comporta como tal ( “sirviendo a los demás”,
“limpiando y recogiendo lo de los demás”...).
Por todo ello en los próximos números iremos
viendo como podemos contribuir a la erradicación
de esta violencia que tanto daño hace, desde una
coeducación desde el medio familiar y escolar.