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Sección:
Psiquiatría



DISFUNCIÓN SEXUAL Y PSICOFÁRMACOS (II).
Dr. Juan de Dios Molina Martín. Psiquiatra. Hospital Dr. R. Lafora

        La evaluación de la disfunción sexual asociada a psicofármacos es un problema importante, ya que debemos determinar hasta que punto la disfunción se relaciona con el tratamiento. Para ello es fundamental hacer una valoración inicial, previa al tratamiento, del estado de las funciones sexuales del paciente. A este respecto, Gitlin propone una evaluación sistemática de seis puntos para establecer una “línea basal” en las funciones sexuales del paciente:

1.- En el caso de que exista una disfunción sexual previa al tratamiento con antidepresivos, esta debe ser tratada.
2.- Determinar la presencia de otras enfermedades psiquiátricas concomitantes, y el uso de sustancias como el alcohol y el tabaco que puedan producir disfunción sexual.
3.- Estudiar otras enfermedades médicas, como la diabetes mellitus, afecciones cardiovasculares (como la hipertensión), hepatopatías, etc.
4.- Medicaciones asociadas con disfunción sexual, como antihipertensivos, tratamientos hormonales, cimetidina, etc.
5.- Evaluar la función sexual durante el episodio depresivo, antes de iniciar el tratamiento farmacológico.
6.- Determinar las alteraciones en las relaciones interpersonales que puedan existir en el contexto de la disfunción sexual (problemas de relación de pareja).

También debemos comentar con el paciente la posible aparición de una disfunción sexual durante el tratamiento, así como el manejo que puede darse a esta circunstancia. Además hay que animar al paciente a que refiera cualquier síntoma relacionado con la esfera sexual que aparezca durante el tratamiento.

Disponemos de pocos estudios que demuestren la validez de los diferentes tratamientos, propuestos para la disfunción sexual secundaria a psicofármacos. Por ello, el manejo de esta situación se convierte más en un arte, que en una serie de pautas basadas en la evidencia científica. Además el tratamiento tiene que tener en cuenta los factores psicológicos del paciente, así como las fluctuaciones habituales de la función sexual.

Como medidas generales, es conveniente recomendar al paciente una forma de vida “saludable”, animándole a que reduzca su peso, a que haga ejercicio y que reduzca o suprima el consumo de tabaco y alcohol. Esto puede mejorar su autoestima y darle una sensación de bienestar que refuerce los mecanismos psicológicos relacionados con las funciones sexuales. También podemos utilizar, aunque sus resultados no están confirmados con estudios randomizados, la terapia cognitiva conductista, dirigida al tratamiento de la disfunción sexual. Esta puede ayudar al paciente a enfrentarse con el problema, reduciendo la severidad de los síntomas o prevenir empeoramientos secundarios al tratamiento con los psicofármacos.

En cualquier caso, el efecto de los psicofármacos sobre la función sexual puede depender de la dosis de la molécula y del tipo de neurotransmisor modulado por este. Por ello podemos encontrar alteraciones en diferentes vías, que incluyen a la serotonina, noradrenalina, dopamina, histamina y acetilcolina. Según la familia del medicamento su médico psiquiatra puede ofrecerle diferentes opciones para subsanar el problema. La dificultad muchas veces está más en el hecho de no llegar a consultar

 

Juan de Dios Molina Martín