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Revista de la Salud Mental
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¿EN
QUÉ CONSISTE Y CÓMO SE TRATA LA DEPRESIÓN?
Entrevista al Dr. Juan de Dios Molina Martín
Dormir mal, sentirse triste o tenso, o perder el interés
por las actividades cotidianas son cosas bastante comunes
hoy en día, sobre todo si se tiene un trabajo monótono
del que no se disfruta o las responsabilidades de la vida
diaria resultan agobiantes. ¿Dónde está
la línea que separa lo normal de lo patológico?
El psiquiatra Juan de Dios Molina Martín, autor del
libro Psiquiatría de Cabecera, recalca que la depresión
no es sólo una sensación de tristeza o desánimo,
sino que es una enfermedad como otra cualquiera, igual que
la diabetes o la gripe. Tampoco es culpa de quienes la padecen,
ni es una debilidad de la personalidad. La depresión
progresa cada día afectando a los pensamientos, los
sentimientos, la salud física, y la forma de comportarse
de la persona afectada. Tanto en su libro como en su trabajo
asistencial diario, el Dr. Molina da mucha importancia a
la necesidad de normalizar al paciente psiquiátrico,
que aún sufre el rechazo de la sociedad. “Existe
un estigma ante la enfermedad mental que provoca ciertos
prejuicios sociales y conduce a la discriminación
y segregación de los pacientes”.
Este estigma es
difícil de entender si consideramos que las enfermedades
mentales son bastante comunes actualmente. La depresión
es un trastorno muy frecuente, se estima que cada año
afecta a alrededor del 10% de la población y lo sufren
el doble de mujeres que de hombres. La Organización
Mundial de la Salud (OMS) calcula que unos 121 millones
de personas en todo el mundo están atravesando una
depresión en este momento. Además es la principal
causa de invalidez y pronto será la primera causa
de baja laboral en los países desarrollados, según
datos de la OMS. El Dr. Molina afirma en su libro que la
depresión es hoy uno de los problemas principales
a los que se enfrenta el médico de atención
primaria, y que, en los próximos años, esta
importancia crecerá.
“La depresión –explica
el Dr. Molina- es un estado emocional que se caracteriza
por tristeza extrema, una percepción de vacío
y rechazo, y falta de autoestima. Otros síntomas
típicos son alteraciones en el sueño y en
el apetito, cansancio injustificado, sentimientos de inutilidad
y culpa e incluso pensamientos de suicidio. Frecuentemente
se sufren también disfunciones sexuales, como anorgasmia
(falta de orgasmos) o disminución del apetito sexual,
y puede acompañarse de problemas físicos como
dolores musculares o cefaleas crónicas”.
Al igual que en otras dolencias, por ejemplo las del corazón
o los pulmones, existen varios tipos de trastornos con síntomas
depresivos. Los tres más comunes son el trastorno
depresivo mayor (o depresión mayor), la distimia
y el trastorno bipolar. La depresión mayor se manifiesta
por una combinación de síntomas que interfieren
con la capacidad de llevar una vida normal y duran al menos
dos semanas. Según su gravedad, puede ser leve, moderada
o severa. La distimia es un estado de ánimo crónicamente
depresivo que está presente la mayor parte del día,
la mayoría de los días, durante al menos dos
años. El trastorno bipolar se caracteriza por cambios
cíclicos en el estado de ánimo, con fases
de ánimo elevado o eufórico (manía)
y fases de ánimo bajo (depresión).
La depresión postparto se produce en aproximadamente
el 10% de las mujeres tras el nacimiento de un hijo, y en
el 90% de los casos se resuelve sin tratamiento. Suelen
presentar síntomas como tristeza, llanto espontáneo,
ansiedad y alteraciones del sueño. Los factores de
riesgo son haber tenido otro episodio previo de depresión,
historia familiar de depresión, falta de apoyo, parto
complicado o problemas graves del embarazo.
Existen determinados
factores que incrementan el riesgo de padecer un trastorno
depresivo. Los antecedentes familiares de depresión
u otro trastorno psiquiátrico aumentan la probabilidad
de desarrollar una depresión respecto a la población
general. El riesgo también se eleva en personas que
han sufrido experiencias traumáticas durante la infancia,
como el divorcio de los padres o abusos físicos y
psicológicos. Las tasas de depresión también
son mayores en las zonas urbanas que en las rurales, quizá
debido a la vida más estresante y la falta de comunicación
que son típicas de las grandes ciudades. Los desempleados
durante más de seis meses tienen tres veces más
riesgo de desarrollar un cuadro depresivo. En general, cualquier
situación crónica de estrés (como el
cuidado de un familiar enfermo o un trabajo muy estresante)
o acontecimientos negativos (como la pérdida de un
ser querido) pueden desencadenar una depresión. También
son frecuentes los síntomas depresivos en ciertas
enfermedades médicas (como el cáncer, los
trastornos hormonales o ciertas infecciones virales), en
alcohólicos, y en pacientes que toman ciertos fármacos
(como los sedantes). Por otro lado, el sexo masculino y
la convivencia en pareja son factores protectores frente
a la depresión.
El Instituto Nacional
de Salud Mental de EE.UU. (NIMH) subraya que el primer paso
para tratar correctamente una depresión es realizar
un buen diagnóstico. En primer lugar hay que descartar
posibles causas biológicas mediante un examen físico
y de laboratorio. Una vez descartadas las causas físicas,
el médico general debe llevar a cabo una evaluación
psicológica o derivar al paciente a un psiquiatra
o psicólogo.
Según datos de la OMS, el tratamiento de la depresión
es efectivo en el 60-80% de los casos. La selección
del tratamiento dependerá del resultado de la evaluación.
Existe una gran variedad de medicamentos antidepresivos
y psicoterapias que se pueden utilizar para tratar los trastornos
depresivos. La psicoterapia sola es efectiva en algunas
personas con formas más leves de depresión.
Las personas con depresión moderada o severa mejoran
más a menudo con antidepresivos. La mayoría
obtienen un resultado óptimo con un tratamiento combinado
de medicamentos para obtener un alivio relativamente rápido
de los síntomas y psicoterapia para aprender a enfrentar
mejor los problemas de la vida. El psiquiatra puede recetar
medicamentos y una de las diversas formas de psicoterapia
que han mostrado ser efectivas para la depresión,
o ambos, dependiendo del diagnóstico del paciente
y de la seriedad de los síntomas.
Los antidepresivos actúan tratando de mejorar los
sistemas de neurotransmisión que se han relacionado
con la depresión, que son los de la serotonina, la
noradrenalina y la dopamina. Hay varios tipos de antidepresivos:
los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina
(ISRS), que son los más modernos; los antidepresivos
tricíclicos, y los inhibidores de la enzima monoaminoxidasa
(IMAO). Los ISRS y otros medicamentos aún más
nuevos que afectan a varios neurotransmisores como la dopamina
o la noradrenalina generalmente tienen menos efectos secundarios
que los tricíclicos. Algunas veces el médico
prueba una variedad de antidepresivos antes de encontrarse
el medicamento o combinación de medicamentos más
efectiva. Generalmente la dosis se debe ir aumentando hasta
que la medicación surte efecto. Por lo general, el
efecto terapéutico completo no se observa inmediatamente,
sino que hay que esperar tres o cuatro semanas, y en algunos
casos hasta ocho, para que se produzca. Sin embargo a veces
se empiezan a ver mejorías en las primeras semanas,
y algunos pacientes se sienten tentados a abandonar el tratamiento.
Es importante aclarar que, al contrario de lo que algunas
personas creen, los medicamentos antidepresivos no crean
adicción.
La terapia electro-convulsiva (TEC o "Electro-shock")
es útil, especialmente para los pacientes cuya depresión
es severa o pone su vida en peligro y para los pacientes
que no pueden tomar antidepresivos o en los que el tratamiento
farmacológico no ha sido eficaz.
Terapia naturista: en los últimos años, el
uso de hierbas para el tratamiento de la depresión
ha generado un gran interés. La hierba de San Juan
o Corazoncillo (St. John's wort o Hypericum perforatum)
es una hierba muy utilizada en Europa para el tratamiento
de la depresión moderada. Es una planta muy bonita
y de crecimiento lento que se cubre de flores amarillas
en el verano, y ha sido usada durante siglos en muchos remedios
naturales y populares. En Alemania, el Hypericum se utiliza
actualmente para el tratamiento de la depresión más
que cualquier otro antidepresivo. Sin embargo, la eficacia
de esta hierba no se ha aclarado por que los estudios científicos
que se han llevado a cabo fueron a corto plazo y utilizaron
varias dosis diferentes.
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