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Sección:
Sexología


EL DESEO SEXUAL
D. Alejandro Arribas S ánchez. Editor y coordinador de la sección

A la hora de mantener relaciones sexuales es fundamental que exista un deseo por ambas partes. En muchas ocasiones la comunicación inadecuada, la rutina, los horarios, el estrés, el descuido personal y por supuesto, la existencia de problemas sexuales en alguno de los miembros, puede desembocar en una pérdida del apetito sexual.
Además las discrepancias en cuanto al deseo sexual pueden suponer un problema muy serio para la pareja.

            El deseo sexual  está influenciado por diferentes aspectos, elementos culturales, estados de ánimo, atractivo físico, fantasías sexuales, etc. Es lo que entendemos por apetencia sexual. La importancia de este aspecto radica en el grado de deseo y el ajuste con la pareja.

            En estudios realizados fuera de España encontramos que entre el 40-45% de de mujeres de muestras no clínicas presentan deseo sexual hipoactivo. En España la cifra en  muestras de población general está entorno al 40%. Esto supone un porcentaje altísimo de mujeres que manifiestan quejas sobre su falta de interés por el sexo, ausencia de fantasías y la demora o disminución de los encuentros sexuales.

            Podemos encontrar que en ocasiones la falta de deseo sexual oculta un problema de ausencia de excitación o anorgasmia. La mujer no obtiene satisfacción con las relaciones sexuales que incluso pueden llegar a rechazarlas por el nivel de malestar generado. Esto llevará a la mujer a tratar de evitar cualquier encuentro sexual, pero aumentará los problemas personales y de pareja.
El ajuste y acuerdo en cuanto a la frecuencia de las relaciones sexuales va estar claramente marcado por el deseo sexual de ambos miembros de la pareja. Lo normal es que exista esta diferencia pero, por desgracia, también es demasiado normal que  los miembros de la pareja traten de salirse con la suya. Esta situación lleva a la persona con más deseo a intentar mantener contactos sexuales de forma insistente percibiendo las negativas como rechazos personales. Acumulando cada vez mayor frustración.El miembro con menor deseo se sentirá obligado, en un principio, a mantener esas relaciones, pero a medida que las perciba como una obligación puede participar en ellas con un “rol de espectador” dónde se deja hacer sin implicarse, reduciendo las posibilidades de disfrutar de ellas. Este círculo vicioso atrapa a la pareja en una situación en la que la comunicación cada vez es más complicada y las sensaciones de frustración, malestar y rabia son cada vez mayores. Con este panorama emocional el deseo sexual será muy escaso dificultando el mantenimiento de unas relaciones sexuales satisfactorias.

            Si volvemos a los primeros artículos de esta revista, recordaremos la importancia de las relaciones sexuales dentro del desarrollo de cualquier persona y por supuesto dentro de una relación de pareja. Esto supone que muy probablemente que las dificultades generadas por el  deseo sexual se traducirá en un malestar emocional que puede sumergir a la persona en problemas depresivos o de ansiedad, que van a disminuir todavía más su deseo sexual.
Los factores psicológicos vuelven a tener una importancia primordial en el desarrollo del deseo sexual inhibido. Aunque no podemos profundizar en exceso es interesante recordar algunos de ellos:

  • Educación sexual. La moral y el concepto del disfrute sexual como algo pecaminoso o sucio puede generar muchos sentimientos de culpa y dificultades en el desarrollo sexual.
  • Experiencias traumáticas en la infancia y adolescencia que van a influir negativamente en la respuesta sexual en la edad adulta
  • Problemas con la imagen corporal y baja autoestima. El autoconcepto que tiene cada persona de si mismo y de su imagen corporal puede interferir en las relaciones sexuales, puesto que en ese momento, quedamos expuestos a una intimidad con otra persona y los sentimientos de vulnerabilidad y vergüenza que eso puede suponer.
  • Situaciones de estrés y ansiedad. Los horarios, los turnos de trabajo, la vida en la gran ciudad, etc. suponen un handicap importante para encontrar momentos adecuados para las relaciones sexuales, además de activar nuestro sistema nervioso en exceso algo que suele interferir en la respuesta sexual tanto de los hombres como de las mujeres.
  • El temor a perder el control (durante el orgasmo) es uno de los miedos que impide a las mujeres dejarse llevar durante las relaciones dificultando que aumente la excitación en la respuesta sexual.
  • Los sentimientos de culpabilidad pueden generar un estado anímico depresivo o ansioso que dificulte los encuentros sexuales. En otras ocasiones puede hacer que la mujer acabe por ceder a mantener relaciones sexuales donde no se dará la oportunidad de establecer un juego erótico ni una estimulación placentera.
  • La ansiedad de ejecución o la preocupación por estar a la altura en la relación sexual. Esta situación suele generar respuestas de estrés ante la interacción sexual que pueden estropear ese momento tan esperado.

           
 No debemos olvidar algunos aspectos fisiológicos que pueden estar influyendo en la etiología de este problema. Además es importante recordar la acción de ciertos medicamentos sobre la repuesta sexual.
           

ENFERMEDADES

OPERACIONES QUIRÚRGICAS

ALTERACIONES TIROIDES

MASECTOMIA

ARTRITIS

ESTIRPACIÓN DE OVARIOS

 

EPISECTOMIA


MEDICAMENTOS EFECTOS SEXUALES
Anticonceptivos Orales Pérdida del deseo sexual
Sedantes Disminución del deseo y problemas para la obtención del orgasmo
Antidepresivos Disminución del deseo y trastornos de la excitación
Antihipertensivos Disminución del deseo y dificultades para la excitación

En caso de encontrarnos con un problema de deseo sexual hipoactivo la pareja deberá preguntarse por cómo son sus relaciones sexuales, es decir, que tipo de juegos realizan, que tipo de caricias, cuanto tiempo dedican a ello, y lo que es más importante deberá existir una comunicación sincera en cuanto a las preferencias sexuales y la satisfacción obtenida. Partiendo de este punto podemos descubrir que nuestra pareja no obtiene placer con las relaciones por lo que habrá que cambiar la forma de tener esas relaciones sin buscar culpables sino soluciones. Puede ser útil intentar mantener encuentros sexuales dónde no exista presión para obtener el orgasmo. Preparar un ambiente cálido, romántico, sin mayores pretensiones que las de estar los dos un rato juntos. La fantasía juega un papel fundamental, notas, comentarios íntimos, mensajes, etc. suelen ayudar a generar una atmósfera de intimidad.
           
Romper las rutinas sexuales es una de las tareas más complicadas. En muchos casos se establecen comportamientos estereotipados que resultan difíciles de cambiar aunque no sean del todo satisfactorios. Utilizar masajes, cremas, olores, luces, lugares nuevos, ropa íntima para la ocasión, y todo lo que logré hacer sentir a nuestra pareja y a nosotros mismos podría ser un buen comienzo. No olvidemos, como ya hemos comentado en otras ocasiones, que las reglas en la cama las ponen las personas que mantienen las relaciones por lo tanto no hay nada estandarizado, de hecho el problema es precisamente caer en hacer siempre lo mismo.
            Si el problema radica en las dificultades para alcanzar el orgasmo y posteriormente la pérdida del interés por una actividad que no resulta gratificante, el tratamiento sería similar al de la anorgasmia (Ver artículo anterior de anorgasmia)
           
A pesar de la información que suele aparecer en muchas publicaciones, no existen sustancias afrodisíacas  que alteren nuestra respuestas sexuales pero el mayor afrodisíaco es nuestra propia imaginación. Si embargo hay lugares, caricias, comentarios, y todo tipo de cosas que activan en nuestra mente el poder de nuestra fantasía. Dejar a un lado miedos, temores, ideas irracionales y moralistas sobre el sexo nos puede llevar a intentar experimentar, primero con nuestro propio cuerpo y posteriormente con el de nuestra pareja, comunicando las sensaciones que más nos agraden y dejando que la respuesta sexual siga su curso.